Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas

Las Fiestas de Bailo

Lo mejor de las fiesta de Bailo
Mis más asiduos lectores recordaran que hace un tiempo publiqué un post en el blog sobre mi primer novio, Javier. Si no os acordáis lo podéis re-leer aquí. ¿Por qué lo menciono? Porque este fin de semana he estado en las fiestas de mi Bailo, y es en estas fechas cuando más recuerdo como se fraguó esta relación, una relación que, por cierto, ha marcado mi vida profundamente, como todos vosotros sabéis.
En el post os explicaba como fue mi último encuentro con Javier, desgraciadamente no muy agradable. La verdad es que estaba deseando verlo otra vez, quizá durante estas fiestas. Nada más llegar me encontré a uno de sus grandes amigos, David de Butía, que me contó que es ahora profesor de filosofía en un instituto (y me presentó a su novia, de la que no se despegaba). Luego vi a Javier un poco de lejos, estaba con sus amigos de Berdún y Binies (que no tengo ni idea de quien son). Iban todos vestidos de azul por una despedida de soltero. Bueno, todos menos el novio, que iba vestido de gallina.
Yo me pensaba hacer la loca y mirar por otro lado con cara triste (bueno, Vanesa, no seas dramática, si te estabas riendo de las bromas de Javier Grau) pero de repente sentí que alguien me tocaba del brazo, y al volverme, para mi sorpresa, era ¡Javier!
‘Anda, pensaba que no me ibas a saludar’- le dije.
‘Hombre, me fastidia que tengas ese recuerdo de mi’- me dijo.
‘No hombre, si yo ya no me acuerdo de nada, y me alegro de que me saludes, lo que más pena me daba era no hablarte’
Y así estuvimos hablando un buen rato, aunque después de un rato me sentí un poco incómoda porque tanto esperar hablar con él me había quedado sin cosas que contarle, y me parecía un poco inapropiado hablar de mis viajes, y mis proyectos y eso. Con todo lo que me alegré de hablar con él, parecía que había una barrera insuperable entre nosotros. Me parece que Natalia también se dio cuenta de eso, porque enseguida me vino a buscar, y yo casi suspiré de alivio. Por un lado, me daba pena que los años hubieran pasado tan rápido. Por otro lado, me daba cuenta de que habían pasado y no podía hacer nada por volver atrás.
Cuatro horas y muchas cervezas después me encontré con Raúl, el que fuera el mejor amigo de Javier, que se vio encantado de verme. Todas las cosas que habían pasado cayeron sobre nosotros y ahí intentamos resolverlas, en la puerta del Salón, como siempre habíamos hecho. De repente me dice:
‘Leí lo de Javier’
Cuando escribo el blog normalmente me imagino una audiencia bastante limitada. Una no se imagina que lo que escribo aquí pueda tener otra repercusión. Raúl, sin embargo, había googleado ‘Larués’ y se había encontrado con mi historia sobre Javier. Imagino que esa historia, en la que el fue el personaje más importante después de sus protagonistas, le transportaría a su infancia a una velocidad vertiginosa. A mi, así de repente, me dio un poco de corte, pero luego me gustó la idea, y comprendí que era por eso que Javier me había venido a saludar. Pero mira, algo bueno, que seamos amigos otra vez, aunque ya no nos comprendamos como antes.
No es que las fiestas de Bailo tengan solo nostalgia… de hecho me lo pasé en grande. La suerte de tener a Natalia, Elena y Javier Grau por ahí haciendo el ganso y riéndonos las chorradas. Y así cuando bailamos Amaral o gritamos en el tiro parece que vayamos menguando.
Luego, las fiestas dan lugar a todo tipo de anécdotas divertidas, a ocasiones de hacer el ridículo etc etc. Este año, el mayor ridículo lo hice delante de Abelardo, Monse de Zapatero y los de Lobera. Les fui a saludar y a dar un abrazo, por el cariño que les tengo, y también a decirle a Monse que su hija está guapísima, a lo que de repente me asaltaron con la pregunta: ‘Oye, ¿y tu tesis, de que va?’. Huelga decir que me sentí halagada y feliz de que me preguntaran. Y de repente, sin poderlo controlar, sentí que un terremoto de palabras me venía a la boca, a borbotones, apretándome los labios, y antes de que quisiera saberlo allí estaba yo explicando un montón de cosas que a ellos, ni les iba ni les venía. Lo que me encontré fue un silencio total, no se si porque estaban admirados o aburridos. Lo que era claro es que ese silencio marcaba el fin de la conversación.
Bueno, pues aquí queda el homenaje, para Abelardo, Maite (que estaba enferma ese día), Monse, Pilar y todos los demás que se sentaban a comer pipas y a hablar de libros en el bar: a todos ellos que me recomendaron libros, que me enseñaron a expresar mis opiniones, y que me animaron a seguir leyendo y leyendo. Aún recuerdo el día en que la defensa apasionada de ‘El Perfume’ de Maite y Abelardo nos movió a mi madre y a mi a leerlo, sin que nos decepcionara ni un instante.
Pues más o menos, para esto han dado las fiestas este año. Bueno, para esto y para la foto de aquí abajo. ¡¡Besitos!!

Machismo en el lenguage

Esto me lo acaba de enviar mi papito:

LA LENGUA CASTELLANA ES MACHISTA!

Zorro: Héroe justiciero
Zorra: Puta

Perro: Mejor amigo del hombre
Perra : Puta

Aventurero: Osado, valiente, arriesgado.
Aventurera: Puta

Ambicioso: Visionario, Enérgico, con metas
Ambiciosa: Puta

Cualquier: Fulano, Mengano, Zultano
Cualquiera: Puta

Regalado: Participio del verbo regalar
Regalada: Puta

Callejero: De la calle, urbano.
Callejera: Puta

Hombrezuelo: Hombrecillo, mínimo, pequeño
Mujerzuela: Puta

Hombre público: Personaje prominente. Funcionario público.
Mujer pública: Puta

Hombre de la vida: Hombre de gran experiencia.
Mujer de la vida: Puta

Rápido: Inteligente, despierto.
Rápida: Puta

Puto: Enojado
Puta: Puta


Y HAY MAS...


DIOS: Creador del universo y cuya divinidad se transmitió a su HIJO VARÓN por línea paterna.
DIOSA: Ser mitológico de culturas supersticiosas, obsoletas y olvidadas.

PATRIMONIO: Conjunto de bienes.
MATRIMONIO: Conjunto de males.

HEROE: Ídolo.
HEROINA: Droga.

ATREVIDO: Osado,valiente.
ATREVIDA: Insolente, mal educada.

SOLTERO: Codiciado, inteligente, hábil.
SOLTERA: Quedada, lenta, ya se le fue el tren.

SUEGRO: Padre político.
SUEGRA: Bruja, metiche, etc.

MACHISTA: Hombre macho.
FEMINISTA: Lesbiana.

DON JUAN: Hombre en todo su sentido.
DOÑA JUANA: Mujer Chismosa// La mujer de la limpieza//La señora que vende empanadas.


SI O SI???

Javier

Uf, es que tengo tantas cosas sobre las que escribir que no se por donde empezar… pero creo que me voy a dar un descanso de la política y voy a hablaros de otra cosa hoy si no os importa. Hoy voy a hablar de amor, que dado el nuevo estilo de mi blog me parece un tema muy apropiado. Hace un tiempo me leí un libro fantástico de Nick Hornby que se llama “Alta fidelidad”, que me lo dejó mi tía Juli, por cierto. En él, el prota, rompe con su novia y para tratar de entender porque sus relaciones van tan mal decide reencontrarse con sus novias del pasado.
A mí mi novio no me ha dejado (de hecho me quiere mucho muchito). Sin embargo, algo ha ocurrido hoy que me ha removido por dentro: Ja me ha enviado una foto de uno de mis antiguos idolatrados amores no correspondidos. En la foto, el que fuera mi corazoncito, aparece transformado: una expresión apagada ha sustituído su sonrisa; hace unos años se nos convirtió a la metrosexualidad, pero parece que al pobre le ha servido de poco. Al mirar la foto lo primero que he pensado ha sido: “Dios mío, este hombre y yo éramos totalmente incompatibles. Menos mal que la cosa acabó en su momento.” Pero entonces he pensado que de hecho, eso me pasa con casi todos mis viejos amores. No volvería a estar con ninguno. Y he pensado, como Nick Hornby, que tal vez reflexionar sobre mis anteriores fracasos me ayude a aprender de ellos...
O sea que habrá que empezar por el principio. Con vuestro permiso me saltaré el capítulo de mi novio de parvulitos en Zizur Mayor, porque no me acuerdo de su nombre y sólo me acuerdo que me estaba sentado en la mesa del cubo y la pala (yo estaba en los globos); también podemos pasar de mi amor con Julito, porque me ató una cuerda al tobillo y me tiró por la escalera a ver que pasaba, así que amor no debía haber mucho; y finalmente me permitiréis que me salte el capítulo en el que Auría me casó con Iván en una boda de broma (fue imposible mantener a Iván junto al improvisado altar de la mesa de la maestra, o sea que yo pienso que aquello mucha boda no fue...). También me voy a saltar el capítulo de Gustavo (mi amor del esquí); el capítulo de Raúl del Cacho, el primer chico que me pidió salir aunque yo le dije que no; la primera vez que me dí un beso con un chico, uno en cada lado de un cristal, fue con Carlos Pérez; la primera vez que me dí un beso de verdad fue con un primo de Jara; la primera vez que me “enrrollé” con un tío así ya, independientemente, fue en la Uni, con un tal Jose Luis de Huesca que tenía 7 años más que yo; y el primer chico que me pidió algo más serio, aunque yo le acusé de querer en realidad enrrollarse con mi amiga Elena (que me había mentido a lo grande) fue Tomás de Boltaña, a quien mucho tiempo después me lo encontré en la gasolinera del susodicho pueblo.
Pero mi primer AMOR AMOR, ya lo sabéis todos, no fue ninguno de estos: fue Javier de Larués aka “Almendreu”. Habíamos sido amigos durante muchos veranos, pero yo sabía que a Javier, desde siempre, le gustaba Ja. Pero Ja estaba en otros menesteres... Javier y yo hacíamos todo juntos: a la piscina íbamos juntos; por la noche siempre quedábamos juntos; bailábamos Rock’n’roll, yo le contaba todo y él me contaba sus amores por Ja... y así, ay, ¡qué verano el de los quince años! Yo, la verdad, creía que Javier era algo inalcanzable. Si me hubieran dicho que algo de mí le gustaba no me lo habría creído. De hecho, en áquel momento, yo no creía que pudiera gustarle a nadie (como me pasó con Tomás que antes de creerme que yo le gustaba me creí que quería salir conmigo por estar cerca de mi amiga... ¡qué cruz!). Pero llegaron los mágicos San Lorenzos y la cosa cambió. Ocurrió en un concierto de Barricada... Javier y yo estábamos bailando, gritando, sudando, cuando de repente le ví venir hacia mí, me cogió en sus brazos y... ¡me estaba besando! Este ha sido, probablemente uno de los momentos más felices de mi vida: era la primera vez que sentía Amor del tipo ese que yo no entendía; además era correspondido; ¡y además era Javier! Y desde ese mismo momento millones de historias sobre el futuro comenzaron a surgir: Javier y yo en Barcelona; Javier y yo yendo juntos a la universidad; Javier y yo viajando a Estambul; Javier y yo, Javier y yo....
El resto de la historia de ese verano ya os la sabéis casi todos vosotros: amor a raudales, los dos pegados como si no existiera nadie más en el mundo, el capítulo de Javier defendiéndome ante mi madre durante mi borrachera inocente de las fiestas de Bailo (“Señora, no le grite usted a su hija”), planes para el futuro, risas, cosas y al final del verano un abrazo y una promesa: “Cada vez que mire a una estrella pensaré en tí” (Sí, ya sé que es patético, pero que queréis: tenía quince años y estaba enamorada. Me hacían falta estrellas, corazones, y todas las ñoñerías de las que me pudiera apropiar). Y la imagen final: Mi primo Fernandito y Piter cantando a coro el dúo dinámico: “El final, del verano, llegó, y tú partirás; yo no sé, hasta cuando, este amor, resistirá”. Y yo me enfadé con Fernandito, y el me dijo “Vanesita- él y Piter siempre me llaman Vanesita- son los quince años, todos hemos pasado por esto. ¡Es tu primer amor!”. “El primero y el último”, le dije, “porque este amor va a durar para siempre”.
Así que Javier y yo hicimos planes conzienzudos; escribirnos, una vez a la semana. Llamarnos lo más posible. Visitas, sería difícil, pero el podía ir a Huesca a ver a sus tíos y yo podía ir a ver a mis tías. Hasta Navidad la cosa fue genial. Las cartas de Javier eran preciosas. Las mías espero que también. Nos llamábamos mucho, aunque a veces a escondidas. Y, cada dos meses, se las quería apañar para venir a Huesca.
Recuerdo la primera vez que quedamos en Huesca. Estaba sentado en el Apolo, tomándose un café. Con la misma expresión melancólica que me había enamorado, mirando al café como si le fuera a desvelar el sentido de la vida... le espíe a través del cristal, en medio del humo (entonces aún se podía fumar en casi todas partes) y me imaginé por un segundo nuestro reencuentro. ¿Y si yo no le gustaba ya? ¿ Y si se había olvidado por qué me amaba? Yo no me había olvidado; me acordaba aún de su profundo derrotismo; de sus dedos larguísimos; de sus labios superbien perfilados y sus ojos un poco chinescos (fisionomía que me ha perseguido en algunos de mis novios años después pero esto es materia para otro capítulo); a mí me parecía que Javier tenía un aire a lo Patrick Swayze, a quien ya le había echado yo el ojo años atrás (si quieres saber cómo pincha AQUI). Durante un segundo antes de entrar al Apolo pensé que quizá lo mejor fuera que nunca entrara, que me fuera corriendo y que así todo lo maravilloso que había sido aquel verano no se me olvidaría nunca. Podía dejar nuestra historia de amor allí congelada para siempre, como un espejismo en la memoria.
Pero entré. Entré, ví la alegría en sus ojos al verme, nos fundimos en un beso y pensé que nos querríamos para siempre.
La anécdota curiosa es que esa noche salimos por ahí y Javier me llevó a casa de mi tía Juli. Al día siguiente, cuando me levanté fui a por el pan y cual sería mi sorpresa cuando al salir al portal me encontré el coche de mis padres en la calle. Se ve que mientras yo paseaba mi amor por las calles de la capital oscense, mis padres se habían quedado muy preocupados sobre todo pensando que tendría que volver sola al Perpetuo Socorro (que por aquel entonces tenía fama de barrio peligroso, ya ves tú) y a las dos de la mañana, en un ataque de responsabilidad por su hija quinceañera, se cogieron el coche y bajaron a Huesca. Cuando llegaron lo primero que pensó mi padre fue “Ah, pero si hay luz, hay un montón de farolas”. Y luego, al llegar a casa de mi tía donde yo ya dormía plácidamente, no se atrevieron a llamar por no despertarnos y acabaron durmiendo en el coche. Las aventuras de la familia cebolleta, vamos.
A todo esto, solo hemos revisado el amor. Ahora viene el desamor.
La cosa fue gradual. Las cartas empezaron a llegar más despacio. Durante nuestras llamadas parecíamos tener poco que contar. Conforme el verano se aproximaba yo me ponía más nerviosa y los mensajes de Javier se volvían más crípticos. Otros años Javier venía el 1 de Julio sin falta y se quedaba todo el verano. Este año sin embargo, no vino. Me llamó y me dijo: iré el 10. Y detrás de eso vinieron las críticas: que si me había vuelto “grunge”; que no tenía que llamarle todo el tiempo... el día 10 no vino. Me dijo que su familia no le había dejado ir. Me lo creí. Me dijo que venía el 21. El 21 no vino. No vino. Sus excusas empezaban a sonar extrañas. Al final lo dejé estar: ya vendrá, pensé. Y me fui a Guaso la primera semana de Agosto. Cuando volví, Javier ya había llegado a Larués.
Cuando llegué de Guaso lo primero que hice fue bajar corriendo a las piscinas. Esta vez no fue como en Huesca. No dudé. Aunque sentía que algo iba mal no podía dudar de mi amor, de eso jamás. Así que no esperé a entrar. Salté la puerta del bar de las piscinas corriendo, esperando a abrazar a Javier y a hacerle olvidar cualquier duda que tuviera. Aún me acuerdo de él, ahí, sentado en el borde de la piscina. Mirando al agua. Corrí con los brazos abiertos pero cuando estaba casi encima de él sus ojos me detuvieron. Sus ojos y toda la gente de alrededor; la comunidad turca de Larués, terreno enemigo para mí. Me paré en seco. Pero sonreí. ¡Me alegraba tanto de verle! Nos dimos dos besos, cortesía, nada más. Y luego me senté en el césped con mi toalla y la expresión triste. Después de mendigar atención un rato Javier finalmente se decidió a venir donde estaba yo, causando una sonrisa automática en mi cara, y me dijo: “ven, tenemos que ir a dar ‘una vuelta’”. ‘Una vuelta’ era cosa seria: o me amaba o me iba a dejar. Y sin embargo, en lugar de amor no dejaba de hablar de lo difícil que era el instituto; de que yo no llevaba mallas porque no me quedaban bien; de que en Barcelona no se lo pasaba bien. Hablaba, hablaba y yo no entendía nada de nada. Y al final acabó explicándome que le habían hecho un test de inteligencia y que no lo había hecho bien; que no podía salir conmigo porque yo era ‘demasiado inteligente’. Os podéis imaginar que esto me sonó a estupidez mayúscula. ¿Por qué era yo más inteligente? Esos tests eran una mierda, le dije, eso no significa nada. Es como un examen. No demuestra nada. Javier, yo te quiero a tí, ¡cómo seas! Pero él ya lo había decidido: me dejó allí llorando como una tonta. Al día siguiente eran las fiestas de Bailo, así que me decidí por ahogar mis penas en cerveza. Sorprendentemente la persona que más me consoló fue Oscar Rigau, quien durante todas las fiestas cuidó de mí como si fuera mi madre. Incluso un día me llevó a dar ‘una vuelta’ y empezó a decirme que no me preocupara, que todo iría bien... y se intentó enrrollar conmigo. Yo a Óscar ya me lo conocía, así que hice lo que pude para salir por patas. No fue el único carroñero: de hecho Javier las tuvo peor. Una chiquita de Larués que era idiota, se había pasado semanas pretendiendo ser mi amiga- y luego me entero que Javier se había enrrollado con ella antes de cortar conmigo- (Él se excusó diciendo que no podía ‘cortar por teléfono’). Luego había otra chica de Pamplona que tampoco le dejaba en paz, me intentó usar para conquistarle. Yo me reí de lo lindo de ambas con la ayuda de Ja y de Ja. ¡Ah! El otro carroñero fue Orlando Bloom aka Salaver, que me contó una mentira inmensa de que había visto a Javier en Barcelona con otra chica y luego también intentó a ver que se podía. ¡Cómo se ven las cosas por el cristal del recuerdo amigos! Dejemos todo esto atrás: fue un verano penoso de aventuras penosas. Fue el verano en el que hice un juramento fatal: que no me volvería a enamorar de nadie jamás (juramento que me acompañó largos años, por cierto).
EPÍLOGO: Javier está casado ahora; de hecho se casó muy joven y en seguida se hizo una casa y tiene un niño (¿o más de uno?). Pero a mí no me habla y ni siquiera sé por qué. De hecho nos hablamos durante un tiempo. Recuerdo encontrarmelo en Zaragoza una vez, con traje de militar (debió ser de los últimos que no se libró de la mili) y de que yo pensé que de verdad no teníamos nada en común. Hace un par de años lo ví en las fiestas de Bailo, pero no me dijo ni hola ni nada. De hecho, la última conversación que tuvimos la recuerdo perfectamente. Fue justo cuando yo me iba a Holanda, también en las fiestas de Bailo. Me encontré a su amigo Raúl y entonces vino Javier. Me dijo algo así como ‘hola, hace tiempo que no sabía nada de tí’, ‘sí, sólo nos vemos de fiesta en fiesta’, dije yo, y él ‘no pero el año pasado no viniste a las fiestas’, ‘ah no’, contesté, ‘estuve en Argentina, con una cosa de la universidad. Y luego unas semanas viajando por Bolivia y Brasil’, contesté, ‘ ¿y no te has ido este año?’, me preguntó él, ‘no este año tengo que prepararme y ahorrar para ir a Holanda, estoy currando en el camping’. ‘Que vueltas da la vida’, dijo él de repente, ‘tu viajando tanto y nosotros por aquí...’, pero entonces le dije yo con envidia: ‘jo, pero no me digas eso, si tu has ido el que más lejos; te has casado, tienes tu casa en la montaña como querías... por cierto que a ver si me invitas a tu casa...’, dije esto sonriendo como hago siempre pero algo debí decir mal porque su respuesta, las últimas palabras que le he oído decir jamás, fue: ‘¿mi casa? Tú nunca pondrás un pie en mi casa’. Esa noche hice lo impensable: quemé sus viejas cartas, guardadas con amor todos esos años.
Vale que este blog es mío y soy yo la que se vende, pero ¿qué fue lo que le dije? ¿Creyó que al decirle que me invitara a su casa me estaba insinuando? Si lo hice, no tenía ninguna intención. Si me brillaban los ojos es solo porque le recuerdo solamente como congelado, en aquel verano de los quince años.
Hace unas semanas le dije a un chico del trabajo que me gustaban las manzanas orgánicas; que aunque eran feas por fuera eran más jugosas por dentro. El chico se creyó que le estab tirando los tejos, que él era ‘una manzana orgánica’ fea por fuera y jugosa por dentro. Si de semejante tontería un tío se monta una película no debería sorprenderme que otros tipos se montaran otras. Pero me da pena que fuera precisamente Javier, el primer chico del que estuve enamorada... a mí sólo me gustaría hablar con él...

Superdemocracia y el robo de la democracia por los neoliberalistas

Aquí, como dedicatoria a mi papito, pongo una traducción de uno se mis escritores favoritos, Slavoj Zizek, caracterizado por tener un pensamiento completamente independiente. En este ensayo, escrito hace tres años en el debate de la guerra contra Irak, Zizek (en realidad Žižek) reflexiona sobre como los conservadores, en particular los neoliberalistas, nos intentan robar el sueño de la democracia, y cómo esta se encuentra en verdad desvirtuada debido al empeño de la gente de izquierdas en ceñirse a reglas formales (y arbitrarias) y al triunfo de los neo-cons que han construído una retórica basada en el conocimiento experto de la economía como respuesta a cualquier interrogante moral de la opinión pública, distraída por debates fútiles de los verdaderos problemas del mundo: la opresión económica y la exclusión de aquellos que no han nacido privilegiados. Los ejemplos son internacionales, pero cualquiera puede observar que el mismo discurso ha sido utilizado en nuestro amado país durante por cierto sector político. ¡A ver si os gusta!

Cuanta democracia es demasiada?
Traducción libre del articulo de Slavoj Zizek (In these times, 2003)
Original aqui
Democracia no es meramente el “poder de, por y para la gente”. No es suficiente reclamar que, en democracia, la voluntad y el interés (los cuales no coinciden automáticamente) de la mayoría determina las decisiones del estado. Democracia- como se usa el término en nuestros días- concierne, sobre todo, al legalismo formal. Su definición mínima es la adherencia incondicional a un conjunto de reglas formales que garantizan que los antagonismos se puedan absorver dentro de “las reglas del juego”.

”Democracia” significa que, cualquiera que sea la manipulación electoral que tenga lugar, cada agente político debe respetar el resultado incondicionalmente. En este sentido, las elecciones presidenciales en Estados Unidos en el 2000 fueron efectivamente democráticas. A pesar de las manipulaciones de resultados patentes en Florida, el candidato Demócrata aceptó la derrota. En las semanas que siguieron a las elecciones, Bill Clinton hizo un comentario apropiado: “Los Americanos han hablado. Lo único es que no sabemos que han dicho.” Este comentario se debería haber tomado más seriamente de lo que pretendía. ¿Por qué la izquierda siempre tiene que respetar “las reglas del juego”? ¿Por qué no, en circumstancias determinadas, se questiona la legitimidad del resultado del proceso formal de la democracia?

O también, hay al menos un caso en que los mismos demócratas formales podrían tolerar la suspensión de la democracia: que pasaría si un partido anti-democrático que propusiera la abolición de la democracia ganara las elecciones formales? (Esto ya ha ocurrido, entre otros sitios, en Algeria hace algunos años). En ese caso, más de un demócrata admitiría que los votantes no son todavía suficientemente “maduros” para que se les conceda la democracia, y que es preferible implantar algún tipo de despotismo ilustrado cuyo objetivo sea educar a la mayoría para convertirse en auténticos demócratas.

Sigiendo esta línea de ataque retórica, la limitación gradual de la democracia es claramente perceptible en los intentos por “repensar” la situación actual en Irak. Uno siempre está, por supuesto, a favor de la democracia y los derechos humanos, pero claro, estos deben “re-pensarse”. Esta actitud puede leerse en al libro “El Futuro de la libertad” de Fareed Zakaria, el columnista favorito de Bush, que encuentra una amenaza para la libertad en “exagerar la democracia”, o sea, en la emergencia de la “democracia contra-liberal en casa y el extranjero”. Él toma el ejemplo de que la democracia solo puede “ganar popularidad” en países desarrollados económicamente: si un país subdesarrollado se “democratiza prematuramente” el resultado es un populismo que resulta en la catástrofe económica y en despotismo político.

No es asombroso, según esta teoría, que los países del Tercer Mundo más exitosos económicamente (Taiwan, Corea del Sur, Chile) abracen la democracia completa sólo tras un periodo de gobierno autoritario. Las lecciones para Irak son claras y sin ambiguedades: sí, Estados Unidos debe traer la democracia a Irak, pero no inmediatamente. Primero debería haber un periodo de unos cinco años en el que un régimen autoritario, benevolente y controlado por los EEUU crearía las condiciones adecuadas para el funcionamiento efectivo de la democracia. Este régimen no tolerará, por ejemplo, el deseo democrático de nacionalizar los beneficios del petróleo, o la aplicación de sanciones a Israel, o la renunciación a los esquemas globales del mercado libre. Sabemos lo que significa traer democracia: significa que los EEUU y sus “siempre dispuestos compañeros” se imponen como los jueces últimos que deciden si un país está o no maduro para la democracia.

———————

En cuanto a los EEUU, la diagnosis de Zakaria es que “America está cada vez más abrazando el populismo simplista que valora popularidad y apertura como las principaler medidas de lagitimización. El resultado es un profundo desajuste en el sistema americano, más democracia y menos libertad”. El remedio es contraatacar a esta “democratización de la democracia” delegando más poder a expertos imparciales aislados de una excesiva lucha democrática, como los bancos centrales, instituciones completamente independientes.

Dicha diagnosis solo puede provocar una risa irónica. Hoy, dentro de esta supuesta “superdemocratización” los EEUU y el Reino Unido han comenzado la guerra de Irak contra la aplastante voluntad del resto del planeta (y en el Reino Unido, incluso, contra su propia gente). ¿No estamos nosotros todo el tiempo atestiguando la imposición de decisiones clave como los acuerdos de comercio globales hechos por instituciones “imparciales” fuera del control democrático? Más fundamentalmente, ¿no es ridículo quejarse de “superdemocratización” en un momento en que las decisiones económicas y geo-políticas han desaparecido de los programas electorales? Durante las pasadas tres décadas, lo que Zakaria está pidiendo ya ha ocurrido. Lo que estamos experimentando en nuestros días son ásperas divisiones sobre cuestiones ideológicas sobre el modo de vida, donde abundan los combates agresivos y se demandan opciones (aborto, matrimonios gays, etc), pero cuestiones básicas de política económica se presentan como el dominio no político de la autoridad “de los expertos”. La proliferación de la “superdemocracia” con sus “excesos” y de una “cultura de la queja” es en realidad el frente cuya cara de atrás es la silenciosa y robusta lógica corporativista y económica.

El anverso de ésta tendencia para neutralizar los “excesos” democráticos es la renunciación abierta de cualquier institución internacional que pudiera controlar el ir a la guerra- lo que puede ser, después de todo, necesario de vez en cuando para reforzar la agenda económica. Ejemplar en el ensayo de Kenneth Anderson en el New York Times Magacine, “ ¿Quién posee las Reglas de la Guerra?” cuyo subtítulo pone de manifiesto su argumento: “La guerra de Irak demanda la necesidad de re-pensar las reglas de conducta internacional. El resultado podría significar menos poder para grupos de derechos humanos neutrales y bien intencionados, y más para “grandes estados que manejan el palo”. Eso sería una gran cosa.”

La principal queja de este ensayo es que, “durante los últimos 20 años, el centro de gravedad en el establecimiento y configuración de la ley de la guerra se ha alejado gradualmente de los regímenes militares de los Estados líderes hacia NGOs más activistas y agresivas.” Esta tendencia es percibida como desequilibrada "injusta hacia los poderes militares que intervienen en otros países, y parcial en favor de los países atacados”- con la conclusión clara de que los militares en los “grandes estados que manejan el palo” deberían ser los que determinaran normas por las cuales sus acciones serán juzgadas.

Esta conclusión es ciertamente compatible con el rechazo estadounidense de la autoridad del Tribunal Internacional de la Haya sobre sus propios ciudadanos. Y todo esto explica al detalle una realidad amarga: que una nueva época obscurantista desciende sobre la raza humana.

Más de lo mismo,

Tengo un amigo francés que está leyendo un libro sobre el fin de la democracia… el autor es un francés que no me sonaba de nada... pero lo que viene a decir es que el movimiento de las naciones, definidas historicamente (y no olvidemos que la historia es la construcción social par excellance) ya no son lo que eran, y dificilmente responden a los retos de la globalización... mientras que los poderes económicos de las multinacionales, amparadas por el consenso sobre los beneficios económicos de las economías de escala, comienzan a emerger como todopoderosas en el mapa geopolítico, los estados pierden poder para contravenir esos poderes. Como mi amigo dice, cuando íbamos a la escuela había tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, y un extra, los medios de comunicación. Hoy en día los medios de comunicación parecen embarcados en operaciones de lavado de cerebro, mientras que los podered tradicionales no tienen nada que decir en los temas más importantes: un ejemplo es lo de la OPA de Endesa, conflicto resuelto no en el congreso en Madrid o en Bruselas, sino en el consejo de dirección de una constructora con vocación energética. En este mapa, los Estados parecen perder sus manantiales de legitimización: ya todos nos empezamos a preguntar para que sirve. Rojos o azules, da igual, ninguno de nosotros cree en el sistema ya... Hay quien aboga por los superpaíses, o los nuevos imperios (eg La Unión Europea), pero seamos serios, los desarrollos de los últimos años son patéticos. Lo que dice Bruselas ya no va a misa: ahora cada país interpreta las cosas a su ritmo; el principio de solidaridad, uno de los principios fundadores de la Unión, no se aplica con los nuevos miembros y se ha dado cerrojazo a la entrada de nuevos países. Entre tanto los 25 no se ponen de acuerdo en nada. Cosas tan urgente como la emigración, un problema que no debería ser abandonado en favor de la subsidiaridad, se queda olvidado tras absurdas modificaciones de leyes existentes y conflictos políticos entre los 25 comisarios. Ni el parlamento ni el consejo de regiones parecen salir adelante y sin esas instituciones la UE puede convertirse peligrosamente en una caricatura de la entidad meramente económica que es hoy. Parece que los croatas han decidido que si no se les incluye en los privilegiados del nuevo imperio (ya dijimos que la opresión ha abierto el paso a la exclusión y eso en el desarrollo de la UE es particularmente evidente) ellos se montan su propio rollo. Para empezar el presidente Stipe Mesic parece querer seguir los pasos de Tito como motor y rostro del Movimiento No-alineado (a quien le interese puede leerse el relato abajo de la visita de Mesic a Cuba; si queréis leerlo y no entendéis el inglés decirmelo y lo traduciré). Este movimiento, que algunos se alegraban de haber hecho desaparecer con la caída del muro de Berlín, podría abrir una puerta a la esperanza, por lo menos de aquellos que creemos en la falsedad de teatrillos como la cumbre del G8 y la foto de las Azores. Al menos nos recuerdan el slogan “otro mundo es posible”, aunque al final se vean abocados a la necesidad de jugar en el tablero geopolítico del orden mundial- aunque este tablero no es como el del Risk, en el que las reglas vienen de fábrica. En el tablero del mundo globalizado las reglas se improvisan, y lo cierto es que nadie sabe donde nos va a llevar todo esto.



RFE/RL Balkan Report
Vol. 10, No. 9, 26 September 2006

A Weekly Review of Politics, Media, and Radio Free Europe/Radio Liberty Broadcasts in the western Balkans

STIPE MESIC AND TITO'S GHOST IN HAVANA. When the news came in mid-September that the Nonaligned Movement (NAM) had begun its summit in Havana, the reaction of many people was "is that organization still around?" Indeed, the end of the Cold War in 1989-91 and the dissolution of two antagonistic blocs seemed to mark the end of any need for a moment whose purpose was to navigate between those blocs and exploit their antagonisms for its members' own interests.
But apparently the NAM still has some life in it. Some leaders of developing countries still welcome it as a forum to make themselves heard and possibly capture a headline or two. For international pariahs like Belarus, Burma, or Zimbabwe, it is one of the few organizations from which they have not been ousted or in which they have not been censured. For would-be great powers like India, Argentina, or South Africa, the movement provides an opportunity for them to be very big fish in an international pond.
It was Indian Prime Minister Jawaharlal Nehru who coined the term "nonalignment" in a 1954 speech in Colombo in what was then called Ceylon. The movement itself was founded at a conference in Bandung, Indonesia, in the following year, as a result of the efforts of Nehru, Indonesia's President Sukarno, Yugoslavia's Josip Broz Tito, Egyptian leader Gamal Abdel Nasser, and Kwame Nkrumah of what would soon become Ghana. For Tito, it provided a stage and ideological underpinning for a foreign policy in search of direction since Stalin expelled him from the "socialist camp" in 1948 for refusing to take orders.
For decades, the NAM and its dignitaries regularly graced the socialist Yugoslav media. In 1956, Tito played host to Nasser and Nehru on the island of Brioni, now better known by its Croatian name Brijuni. At least until recently, some rooms filled with stuffed leather chairs, heavy dark wooden furniture, and solid crystal ashtrays could be seen there, in his villa along Lake Bled, or at Tito's other retreats, all of which recalled the days when he basked in his role as a leader of Nonalignment.
Yugoslavia's role in the movement brought it advantages in trade and international exposure. For some people, it meant an opportunity to travel to and work or study in distant lands. Although Yugoslav communism was generally antagonistic toward all religions, some Islamic religious leaders were now given an opportunity to represent their country in the Middle East and elsewhere in the Muslim world, and some relished their new role.
But with the collapse of communism and breakup of Yugoslavia, the NAM seemed as much an anachronism to many former Yugoslavs as their old flag. Some might view it with nostalgia, but it was clearly history. Eyes were now focused on joining the EU and regaining an important privilege that Yugoslavs had once enjoyed in socialist times but no longer did, namely visa-free travel throughout Europe.
It thus came as a bit of a surprise to many in former Yugoslavia that the NAM recently held a summit in Havana to be attended by representatives of no fewer than 118 countries, several of which were from Europe. But among the European members, only two heads of state were present. These were Belarusian President Alyaksandr Lukashenka and -- Croatian President Stipe Mesic.
It is no secret that Mesic has moved somewhat to the left in recent years. But it came as a bit of a jolt to many Croats that he would go to a gathering where no EU or NATO head of state would be present, but instead would probably see Venezuela's Hugo Chavez and Zimbabwe's Robert Mugabe.
Indeed, Mesic's appearance there sparked discussions in the Croatian media. Many commentators, including his political rivals from the governing Croatian Democratic Community (HDZ), suggested that Croatia could have been represented equally well by a deputy minister or other low-ranking official. There was also the question as to whether Croatia needed to be present in Havana at all at a time when Zagreb's main foreign-policy concern is that its prospects for EU membership seem to be on indefinite hold (see "RFE/RL Balkan Report," June 27 and August 29, 2006).
Mesic, however, maintained that he had two important reasons for going to Cuba. One was to promote trade, including with faraway countries with which Croatian firms had good relations dating back to socialist times. The second was to drum up support for Zagreb's bid for a nonpermanent seat in the UN Security Council in 2008.
Some commentators were not convinced and told RFE/RL's South Slavic and Albanian Languages Service on September 18 that the countries represented in Havana are not the ones that Croatia needs in its quest for EU membership. One expert pointed out, moreover, that UN member states support Security Council seat candidates according to the recommendations of regional blocs, so that it is vital for Croatia to line up European and not African or Asian backing. Other commentators pointed out that there were no obvious economic benefits derived from Mesic's presence at the summit.
Only a representative of Mesic's Croatian People's Party
(HNS) seemed confident that there was something to be gained by calling attention to Zagreb's historical links to nonalignment and pursuing business links in the developing world. (Patrick Moore)

Que alegría que alborozo

Nos despertamos hoy con la maravillosa del golpe de Estado en Thailandia. No es que yo sepa absolutamente nada sobre Thailandia, pero es como un soplo de aire fresco despertarse y saber que en algún lugar del mundo alguien está dando un golpe de Estado.
Pero bueno, no nos distraigamos de lo que nos trae aquí hoy... que no es otra cosa que el emocionado relato de Ferenc Gyurcsany, el Primer Ministro húngaro cuyas declaraciones fueron filtradas a una radio Húngara. Entre otras perlas Ferenc decía (traducido libremente de la traducción del Húngaro al Inglés de la BBC):
“No hay muchas opciones. No las hay porque nos han apretado las tuercas. No un poco, sino muchísimo. Ningún país en Europa tiene las tuercas tan apretadas como nosotros. Se puede explicar. Obviamente, hemos mentido durante los últimos 18-24 meses. Estaba clarísimo que lo que decíamos no podía ser verdad. (...)

Ni siquiera puedes mencionar ninguna medida gubernamental significativa de la que podamos estar orgullosos, aparte del hecho de que al final conseguimos mantener el gobierno fuera de la mierda. Nada. Si tuviéramos que dar una explicación al país de lo que hemos hecho en cuatro años, que le vamos a explicar?

Naturalmente, el trabajo del gobierno no se construye bien, con calma y escrupulosamente. No. No. Se prepara a una velocidad loca de romperte el cuello porque no podíamos hacerlo por un tiempo (la reforma económica) en caso de que saliera a la luz, y ahora tenemos que hacerlo tan desesperadamente que estamos al límite. Y entonces acabamos cayendo porque no podíamos guardar el paso. Esta es la situación...”


A uno se le alegra el corazón de escuchar semejante melodía de grandes verdades; como un Primer Ministro de un país “de los afortunados” se levanta sin vergüenza y confiesa su pecado. Claro que uno pudiera bien decir que ya podría haber confesado antes, particularmente antes de las elecciones. Ay, amigos, paciencia para el pecador, hombre, ya lo dice Jesús en la parábola del hijo pródigo: hay que saber perdonar al arrepentido. Que importa que el país haya sido abandonado a su suerte: como explica hábilmente Woody Allen en su película Match Point, la historia siempre ha visto el sacrificio de aquellas figuras secundarias, en honor de empresas más gloriosas, los daños colaterales; los sacrificios durante las manifestaciones de Budapest así lo atestiguan. El pueblo húngaro sale gozoso a jalear a su maravilloso y arrepentido presidente...

Sí, a mí también se me revuelve el estómago por la situación entera; pero lo que más me jode son dos cosas, dos razones opuestas:
Por un lado me joroba ver el estado lamentable de las democracias europeas... los políticos mienten, la economía está en manos de multinacionales sin escrúpulos, a nadie parece importarle un pito y el tiempo se pierde en debates sobre chorradas mientras los mismos, los mismos, los mismos, sufren y se quedan atrás... como leí en el libro de un gran pensador (Bauman, y cito de memoria): hoy en día ya no hay políticas de opresión. Ya no hay que obligar a nadie a trabajar en grandes industrias. Trabajadores sobran... hoy en día la tendencia es a hacer políticas de exclusión: a dejarles atrás y a sumarse al barco de los que van delante... esta es la democracia de nuestros días, una democracia llena de hombres basura, desechables, que sobran-o sobramos... Y por lo que me parece el capitán del barco y sus secuaces son unos mentirosos....

Por otro lado me joroba tener esta visión. Y cuando leo lo de Hungría (país que adoro por cierto) y otras tantas cosas esta es la visión que me inunda... pero, por mucho que nos quejemos, la democracia es el resultado de una larga lucha en la que salimos ganando- o eso creemos- ¿será posible que hayan ganado incluso en hacernos desestimar las cosas buenas que ganamos? No sólo tenemos que luchar por avanzar, también por mantener aquello que hemos alcanzado ya... El resultado es que sin saber que hacer, y sin un mejor sueño con que seguir avanzando, nos tapamos los ojos y nos dejamos llevar en la espiral de la rutina...

¿Cómo resolver este problema?
Seamos políticos. Del signo que nos guste, pero olvidemos ése tópico de “todos los políticos son metirosos”. No. Todos los políticos son personas eso sí, y como tal son falibles. Y como algunas personas, algunos políticos pueden ser mentirosos. Pero no hay nada en la categoría de “político” que obligue al político a ser mentiroso.
Si para ser político y mantenerse en el poder hay que ser mentiroso, porque de otro modo nos vencería el oponente más mentiroso que nosotros, entonces nos queda reflexionar sobre el origen de esa dinámica. Al fin y al cabo, somos nosotros los que votamos, y es durante las elecciones cuando creemos que los políticos mienten más. Si mienten, ¿cómo pueden estar allí? Mi opinión es que es la sociedad entera la que permite y perpetúa el comportamiento mentiroso de los políticos. La solución no es cerrar la puerta a la mentira y decir “yo no me meto en política”, sino participar activamente en la vida política y evitar que los “mentirosos” puedan llegar a puestos de poder.

Por otro lado, alguien más cínico que yo podría argumentar que la mentira es inherente a la política. El sabio Protágoras (uno de los malotes de la antigua Grecia, oponente al adorado, si bien quizá inconsistente, Sócrates) decía que “El hombre es la medida de todas las cosas”; en otras palabras, Protágoras y otros sofistas argumentaban que no hay argumentos erróneos, solo maneras erróneas de presentarlos. O también, que nadie miente, y que todo se hace en relación de una serie de argumentaciones, aceptadas o no. Este argumento resulta un poco extraño para examinar el caso del Primer Ministro Húngaro, ya que él mismo ha dicho que mintió, y que dijo cosas que creía que no eran verdad. Sin embargo, en otros casos (como en el de ciertas WMD en cierto país de Oriente Medio), lo que para unos son interpretaciones de la realidad y la evidencia, aunque inconcluyente, para otros son armas de destrucción masiva. Lo que muestra que quizá el mentiroso se convierta en tal a través de la intención de mentir: sólo soy mentiroso, no cuando mi interpretación de la realidad es equivocada, sino cuando en mi interpretación de la realidad se encuentra encerrada la intención de engañar a mi interlocutor. Ahora, uno podría llevar el argumento sofista al extremo y concluír que la construcción de una narrativa de la realidad requiere inexorablemente la intención de traer a tu interlocutor a tu terreno, y desde la premisa de que ninguna realidad es absolutamente válida sino sólo una interpretación personal, aquel que quiera convencer a otra persona de sus argumentos, estaría sin lugar a dudas, tratando de engañar a su compañero. La mentira solo podría ser evitada intentando alcanzar una descripción objetiva y desinteresada de la realidad. En cualquier caso, el político debe intentar convencer al votante, lo que nos lleva a pensar que el político tiene que ser un mentiroso por necesidad.

Esto argumentos, construídos durante milenios, son muy efectivos. Mi teoría es que este tipo de argumentación es la que hace que la idea de “todos los políticos son mentirosos” esté marcada en nuestras mentes como una inscripción en una lápida. Pero no debemos escuchar al relativista que nos acompaña en toda empresa... en su lugar podemos pensar “ ¿Qué haría yo si fuera un político? Intentaría hacer todo lo mejor posible. Y si no supiera como, intentaría buscar los mejores asesores posibles, gente a la que respetara de verdad.” Por lo menos, no dejemos de soñar con buenos políticos (ni desestimar a algunos que ya lo son).

Para que os suba la moral, un chiste:
HIPOTECAS

La anécdota…

Entre todas mis anécdotas he elegido contaros, como no, la que pasé con más ridículo.
Fue una de las tardes del festival, que era en un parque al aire libre, todo gratis… había quedado con dos amigos: Joice, una administrativa en una compañía aérea y Jim, un ingeniero electrónico. Primero llegó Joice y por primera vez desde que estaba en Chicago me dí cuenta que era una engreída. No se quería sentar donde yo estaba porque cerca de mí había un tipo que "parecía pobre". Ni olía ni nada, chica y encima era simpatiquísimo, pero Joice se enfurruñó un poco. Ahora yo no doy mi brazo a torcer por tonterías así que me negué a moverme del sitio y a Joice no le quedó más remedio que quedarse donde estaba. ¿Por qué Joice decidió quedarse conmigo? Pues porque Joice quería ver a Jim y Jim quería verme a mí, y yo solo quería un grupillo de gente para ir a los conciertos.
Cuando Jim llegó, Joice que lo tenía todo preparado le hizo sentarse a su lado, de modo que estábamos yo, luego Joice y luego Jim. Como Joice estaba muy ocupada explicándole a Jim lo guay que era, yo acabé hablando con la persona que estaba a mi otro lado, Larry. Larry era un tipo muy atractivo, que me dijo que trabajaba en una oficina pero su verdadera vocación era la trompeta, como Miles Davis. Y como Miles Davis me pareció el chico, guapísimo y simpátiquisimo (cuidao que yo soy fiel, pero vamos también se puede apreciar la guapura ajena). Yo le dije que los Chicagoanos me caían genial porque me trataban muy bien. El me dijo que me trataban muy bien porque era muy guapa. Yo me puse roja como un tomate y no dije nada más.
Entre tanto Joice se había ido el baño, momento que Jim, sin yo notarlo, había aprovechado para sentarse a mi lado y escuchar la conversación. Me tocó el brazo (en plan por qué hablas con ése) y yo traté de sonreír y tomar control. Miré hacia el concierto. Estaba en un espacio de medio metro cuadrado, con dos hombres, uno a cada lado que se odiaban sin ni siquiera haber cruzado palabra... por mí: no estoy exagerando, estos fueron los que parecían los minutos más largos de mi vida. Como una pelota de ping pong, a uno y otro lado, ambos dándome conversación, pero simulando no percibir la presencia del otro macho.
Yo, que no estoy por la labor en estos rituales, rompí la tensión yéndome al baño.
Cuando volví Joice estaba otra vez tratando de capturar la atención de Jim y Larry musitó una disculpa y desapareció antes de que pudiera decir ni pío. Aunque antes de irse me volvió a poner roja con un piropo.

¿Qué les pasa a los hombres de hoy en día? Es que son idiotas o qué (Salvo honrosas excepciones)

Excepciones; Mi padre, mi hermano, mi abuelo, mi novio, todos mis amigos y todos mis familiares directos y politicos

Acabo de recibir grandes noticias amiguitos... básicamente, otro pirao del curro anda enamorado de mi y me ha mandado un ensayo sobre por qué no me puede ni hablar... (por favor cuanto más lejos mejor)- y justo al mismo tiempo me ha llegado un e-mail que mi antiguo supervisor ha mandado a un tío que me cae fatal mostrando que han estado trabajando en el proyecto que yo trabajo, básicamente a mis espaldas... en fin, da gusto volver al curro y da gusto saber que una se va ganando enemigos día a día. Ahora, yo creo que empieza a estar complicadillo eso de ser mi enemigo... él sabrá, de momento ya no es mi supervisor, que es lo que me importa. ¿Será casualidad que no dejo de tener malentendidos con HOMBRES?
Uno nunca sabe cuando las historias del pasado van a volver a emerger a la superficie... a veces de la forma más extraordinaria. ¿Alguien se acuerda de lo que me pasó en Wageningen? Durante un tiempo lo mantuve en secreto, pero ahora ya me importa un bledo hablar de eso. Básicamente, el primer año tuve la mala suerte de encontrarme con los profesores mas idiotas, y a finales del año, cuando se me acababa la beca Erasmus, estaba yo sin supervisor para continuar el año siguiente, lo que hubiera significado no acabar el Máster. Ya había decidido que no me importaba, que lo dejaba, cuando alguien me sugirió que fuera a ver al coordinador de Erasmus. Éste, que me pilló en medio de una crisis emocional, vió mi lista de notas y no se podía creer que no me quisieran en ningún departamento. Tres días después yo tenía supervisor (para mi propio proyecto sobre pantanos en Huesca!) y dejé a los de mi viejo departamente colgados entre balbuceos de perdón (¿ya dije una vez que me cuesta mucho dar segundas oportunidades?). Un año más tarde me graduaba orgullosamente, como Master en mi nueva vocación: la sociología.
Ya sabéis que cuando se acaba la carrera es un periodo de mucha incertidumbre. Un día me encontré al coordinador de Erasmus en la plaza del mercado. Le conté que no encontraba trabajo. Me dijo que él me podía dar uno. Me pareció fantástico. Me dijo que fuera el lunes a la oficina. El lunes, firmé el contrato, me presentó a la gente del departamento, me explicó que era lo que tenía que hacer, nada muy difícil... solo que al acabar el día me metió en su oficina y ¡me dio un beso! Y para asegurarme de que esto no había sido un malentendido, antes de irme... ¡me tocó el culo! Por supuesto lo primero que hice fue correr a contárselo a Bas y a Marta, que no daban crédito. Después de dos horas al teléfono, mis padres me convencieron de que fuera y le plantara cara. Así que al día siguiente fui al curro decidida a mandarle a la mierda: tenéis que imaginar que éste hombre había sido mi salvador durante un año, la única persona en toda la universidad en la que yo confiaba. Total que llego al trabajo... pero él no estaba. ¿Y qué hice? Pues me puse en mi oficina, a hacer lo que tenía que hacer, a rellenar fichas. Cuando acabo el día ya no estaba enfadada. Ni siquiera quería el trabajo que era aburrido a muerte. Decidí que no pondría los pies en esa oficina nunca más.
Y luego vinieron las largas semanas... hasta cuatro veces fui a la dirección de la Universidad con la intención de contar lo que me había pasado. No tuve cojones. ¿Sabéis por qué? Porque el tipo me caía bien. Un beso y un toque en el culo no eran suficientes para destrozar mi agradecimiento. No pude. Y mira que no dejaba de pensar en pobres chicas desvalidas de las que el carcamal debía estar abusando... pero no pude denunciarlo. Ya está. No pude.
¿Y a qué viene esto ahora? ¿Es un exhorcismo o qué? Pues no amiguetes... la cosa fue que fui a la conferencia esta en Michigan y uno de los caballos de batalla debía ser mi encuentro con mi antiguo catedrático de sociología. Cuando you estaba en la uni no era nadie... ni se acordaba de mi cara. Sin embargo, ahora sí lo soy... lo suficiente para llamar la atención sobre mi trabajo. Tengo que decir que deliberadamente quería impresionarle, aunque solo fuera por los viejos tiempos. No sé si conseguí eso, pero sí que conseguí hablar con él e inmediatamente nos dimos cuenta de que éramos buenos amigos. De repente llevábamos horas hablando de mil millones de cosas, incluída mi peripecia hasta su departamento. Y la conversación fue como sigue:
-YO: estaba desesperada, y no encontraba supervisor ni nada, y al final fui a hablar con el coordinador de Erasmus, y el me dirigió habilmente a vosotros...
-CATEDRÁTICO: Sí, sí ya lo sé, el coordinador de erasmus es una buena persona en quien confiar cuando se tienen problemas...
-YO: Bueno, no sé que te diga, lo que es yo no me fío de él un pelo....
-CATEDRÁTICO: No me digas que también intentó....?
-YO: (Cara roja, ojos de sorpresa, balbuceo): Eh, sí, bueno...., sí
-CATEDRÁTICO: ¿Lo denunciaste?
-YO: Er, no, no pude... pero... hay otros casos? ¿Hay muchos otros casos?
-CATEDRÁTICO: Bueno, yo sólo conozco uno, pero de todas formas, ya sabes, lo están “retirando”- sin hacer ruido claro...
Hablamos algo más de esto; yo le dije que ahora sí que me arrenpentía de no haber dicho nada en su momento, pero que no había podido... también le dije que si quería darle mi dirección a cualquier chica que el supiera que tenía los mismos problemas que yo declararía lo que me había pasado, pero que a mí ya se me había pasado el tiempo de denunciar...
Que vueltas de la vida, ¿no? La verdad que esta es una de esas ocasiones en las que de verdad me arrepiento de no haber hecho lo correcto, vamos, lo que me dijeron mis padres, ir directa a los que tenían el poder y denunciarlo... pero así es la sociedad en la que vivimos, es tal en la que los hombres pueden, desafortunadamente, abusar de las mujeres. También hay mujeres que abusan de algunos hombres, pero la sociedad raramente las apoya. Sin embargo contra los hombres, ¿qué puedes hacer? ¿Qué puedes hacer cuando la desilusión viene de alguien a quien admiras?

Una pequeña historia imaginada

Cuando abrió los ojos no recordaba donde estaba. No era la primera vez que su propia habitación le resultaba extraña. Las las viejas lámparillas con flores traslúcidas se deshacían en sombras alrededor de la habitación. Alex se frotó los ojos y las miró danzar a su alrededor, imaginando un misterioso aquelarre de desesperación. ¿Cuánto tiempo había pasado ahí? Veinticinco años, veinticinco, y poco que contar. Una tarde de pesca de vez en cuando, alternando trabajos de verano e invierno. Dos intentos fallidos de extender sus pocas posibilidades en la universidad. Veinticinco años sentándose a desayunar con su madre, casi sin mirarse, respondiendo monosílabos y sonrisas forzadas. Ni siquiera era su habitación, ya; era un extraño. Deshecho de sí mismo, cansado, echó las mantas hacia un lado y puso los pies en el suelo para levantarse. Su cabeza, aún flotando en cerveza tras la noche anterior, pareció desmoronarse. Respiró hondo. No era la primera vez que tenía una resaca como ésta. No era la primera vez que la vaga imagen de una chica desconocida revoloteaba en retazos de recuerdos, mientras trataba de ponerle un nombre. Alex cogió sus vaqueros, y rebuscó en sus bolsillos, en busca de unos cigarrillos. En el paquete de Malboro, un último cigarro esperaba medio aplastado a arreglarle la mañana. Pasara lo que pasara nunca se olvidaba de guardarse el último para la mañana. Pero había habido mañanas peores que esta... Alex inhaló el humo lentamente tratando de borrar con él el alcohol y los besos de la desconocida. Unas medias arrugadas colgaban del respaldo de una silla; de la mujer, ni rastro. Alex apretó los labios, tratando de apartar algunos recuerdos desagradables, los lenguetazos, las palabras descoordinadas. Se quedó parado mirando por la ventana. Los otros pisos, decadentes, producto de las políticas sociales de los años 60, sin ganas ni inteligencia, se erguían ante Alex, negros, decadentes, llamando a la huída y al olvido.
“¡Alex! ¡Hay alguien por tí llamando en la puerta!” su madre gritó desde la cocina, como un rugido que hizo las paredes temblar. Alex contestó con el mismo volumen y el mismo tono de indiferencia y resentimiento en su voz: “ ¡Ya voy!”
Suspiró mientras exhalaba el humo de la última calada. “Esto es penoso”, se dijo en voz tan baja que no sabía si establa hablando solo o pensando, “no sé que estoy haciendo aquí. Este país se hunde y yo me hundo con el. Necesito sol, necesito tiempo, necesito que mi madre esté lejos...” Miró al poster que colgaba de una de las paredes, junto a una foto de Carmen Elektra en topless invitandole a imaginar. Alex imaginaba más con el otro poster, las palmeras, la playa blanca, se imaginé a sí mismo apoyado allí en un chiringuito, sirviendo coktels a millonarias aburridas y tomando el sol al atardecer. “Me iré a Thailandia. Cuanto antes. Esto no puede continuar así.” Al abrir la puerta de su cuarto vió la silueta de su madre, en chandal, moviéndose alrededor de la cocina. Siempre estaba allí, ajetreada, de un lado para otro, sin poderle explicar a nadie que es lo que hacía. Apoyado contra el marco de la puerta su amigo John le sonrió. “Eh, colega! Buenas noticias. Un trabajo a la espera. Tal vez esta sea tu oportunidad, la oportunidad de ir a to Thailandia, para siempre.”

***
Cuando abrió los ojos no recordaba donde estaba. No era la primera vez que su propia habitación le resultaba extraña. Las las viejas lámparillas con flores traslúcidas se deshacían en sombras alrededor de la habitación. Alex se frotó los ojos y las miró danzar a su alrededor, imaginando un misterioso aquelarre de desesperación. ¿Cuánto tiempo había pasado ahí? Veintisiete años, veintisiete, y poco que contar. Una tarde de pesca de vez en cuando, alternando trabajos de verano e invierno. Dos intentos fallidos de extender sus pocas posibilidades en la universidad. Nueve meses en Thailandia malgastando el dinero conseguido en una gran noche, la noche en que romper un cerrojo le consiguió varios miles de libras. Veintisiete años sentándose a desayunar con su madre, casi sin mirarse, respondiendo monosílabos y sonrisas forzadas. Ni siquiera era su habitación, ya; era un extraño.
Alex se miró las manos cansado. La cama estaba caliente, ahora que Mila yacía plácidamente al otro lado de la cama. Alex se levantó y rebuscó en sus vaqueros el último cigarro. Su madre, Mila, todo eran mujeres diciéndole lo que tenía y no tenía que hacer. ¿Qué sabía ellas? El ya era un hombre, uno que había cruzado el mundo. A traves de la ventana vio los otros edificios, negros, decadentes, y sintió una punzada en el estómago, la misma que había sentido durante veintisiete años, excepto los días contados que se había escapado a Thailandia. ¿Pero como is ahora, con una mujer? Alex miró a la puerta e imaginó a su madre al otro lado, en chandal, dando vueltas por la cocina como si estuviera muy ocupada. Tenía que hacer algo, salir de aquella casa, romper la dependencia de su madre para siempre.
Apuró el cigarro.
“Alex, tu amigo está aquí”- la voz de su madre atronó las paredes. Mila se desperezaba entre las sábanas.
“¿Qué couirre?”
Alex tiró el cigarro en la papelera, y salió de la habitación, sin contesar. Apoyado en el marco de la puerta su amigo John le sonrió. “Eh, colega! Buenas noticias. Un trabajo a la espera. Tal vez esta sea tu oportunidad; eso si no te lo fundes todo en putas en Thailandia.”