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Deseos y deseo

Me dijo mi amiga Renu ayer que no sabía como se dice en Hindú las palabras ‘necesidad’ y ‘deseo’. Según ella, los verbos necesitar y desear (o querer) si que existen, pero no los nombres. Y como yo le digo: será que en India la gente ‘desea’ cosas pero no tiene deseos? Bueno, estas dudas se han desvelado esta mañana cuando Renu finalmente se ha acordado de las palabras en cuestión.
Todo esto venía de la conversación que Renu y yo tuvimos ayer, después de habernos ido a ver estrellas fugaces (las lágrimas de San Lorenzo nos dejaron unos pocos regalos, pero generosos). Yo le dije que en España es costumbre pedir un deseo al ver una estrella fugaz. Ipso facto procedimos a hacer un comentario cultural sobre las variedades nacionales de deseo, y hasta esta mañana reflexionando!
Yo claro, no he estado pensando tanto en la traducción de estas palabras en Español e Inglés. En Inglés hay dos palabras que pueden traducirse como ‘deseo’: ‘wish’ y ‘desire’. Y aunque en el diccionario están definidas de modo muy parecido en realidad son un poco diferentes. Wish se refiere más a algo que se quiere (por ejemplo cuando se tiene un deseo para los Reyes Magos, el ratoncito Pérez o la estrella fugaz) y desire es similar pero se utiliza en ocasiones en las cuales eso que se quiere es casi como si nos poseyera, como el deseo sexual o el deseo de venganza o esos otros deseos sobre los que parecemos no tener control. Yo diría que aunque no se tiene control sobre lo que uno quiere hay como un límite entre el deseo racional (el wish) y el irracional (el desire), que en español parece que nos da igual. Y los deseos irracionales, los ‘desires’, son esos que al no controlar nos asustan, nos torturan, nos persiguen, no se adaptan a nuestra vida y nosotros no nos adaptamos a los deseos… Para complicar la cosa también tenemos necesidades (‘needs’), también cosas que queremos pero sin las cuales nuestra calidad de vida empeora. Creo que no hay una demostración más fantástica de esto que los libros de Michel Houellebecq, no sólo por la maravilla que es leerle (incluso sus finales absurdos), sino también por la reflexión desesperada de cómo el deseo, y a veces también la falta de deseo, machaca nuestras vidas… En Atomised (Atomizado en español?), sus dos protagonistas (que representan cada uno ‘el deseo sin límites’ y ‘la falta de deseo’) acaban odiando a su madre por su completa entrega a la revolución sexual de los años sesenta, que la llevaron a abandonar o ignorar o quizá incluso olvidar a sus hijos.
Esto os parecerá una banalidad, pero lo cierto es que nuestras sociedades enteras están determinadas por estas nociones de deseo y necesidad. Por ejemplo, nuestros sistemas económicos, nuestra motivación para trabajar, para formar vínculos sociales y románticos… por ejemplo, ahora que tanto se augura que vienen tiempos negros por el agotamiento de los recursos naturales, el tan manido concepto de sostenibilidad oscila alrededor de la definición de que es eso que, como seres humanos, necesitamos.
El otro día tuve una charla con unas amigas en un club de lectura que hacemos cada mes, y yo propuse leer a Giles Deleuze, un filósofo francés que escribió mucho sobre estas cuestiones. En particular yo trataba de explicar que, según he leído en el trabajo de este filósofo, el deseo se ha considerado tradicionalmente como una cuestión de ‘falta de algo’. O sea, que cuando sentimos que nos falta algo, ese vacío crea un deseo. Deleuze propone que esto no es muy acertado y que en su lugar deberíamos pensar en el deseo como una forma de producción, y a nosotros, a nuestros órganos, como maquinas que producen deseos. Estos deseos son muy positivos porque facilitan la comunicación entre estas ‘máquinas’, en otras palabras, constituyen el centro de nuestra vida (o al menos, así lo interpreto yo). O sea, que en vez de torturarnos por tener deseos prohibidos, deberíamos pensar más bien en abrazar esos deseos, y usarlos para hacer la vida más hermosa, más plena… Claro, que en esto nos encontramos con el mundo de convenciones sociales (el mismo ante el que se golpea la cabeza Michel Houellebecq?) y la infelicidad rodeándolo todo… Pero después de Deleuze a uno se le queda un sentimiento optimista, como de que todo es posible, incluso desear lo que uno desea desear. Como en las películas de Almódovar, en las que el deseo es algo afirmativo, poderoso, transformador (la productora de Almódovar se llama ‘El Deseo’).
Y los más cotillas (como yo haría) os preguntaréis: pero después de este rollo, ¿cuál debe ser ese deseo inconfesable de Vane que la tortura tanto? Bueno, a lo mejor no tengo ninguno, o si lo tengo, me lo guardo para mí, que las fantasías mejoran al calor del secreto.

Por qué soy de izquierdas (y por qué seguiré siéndolo por ahora)

Uno aprende lo que mama y yo he mamado teoría marxista (de filtro maoísta sospecho) como nadie. Desde muy pequeñita tengo esta idea de que lo mejor que puede hacer uno es sentarse en la ventana y pensar que es lo que se puede hacer para crear un mundo mejor; creo que esto es una cosa que me ha contado mi padre tantas veces que al final me he creído que la que se sentaba en la ventana a pensar era yo…
Lo de ser de izquierdas en estos días es un poco complicado. Por un lado en los gobiernos más poderosos de la tierra, los de izquierdas ni se acercan: en UK los de izquierdas son una caricatura de derecha; en Francia los de izquierdas no saben elegir a sus líderes; en Alemania los de izquierdas no se atreven a ser de izquierdas; en US los de izquierdas no existen; en Japón los de izquierdas están secuestrados por la derecha; en China los de izquierdas controlan el capital indiscriminadamente; en Russia los de izquierdas son fantasmas (en todos los sentidos posibles de la palabra) y en Italia los de izquierdas son tan polifónicos que gritar más fuerte que los otros les lleva todo el tiempo. En el resto de Europa parece que la política no importa: en Europa del Este los de izquierdas avergüenzan a sus ciudadanos; en los países nórdicos los de izquierdas usan pseudónimos; en el Benelux los de izquierdas no importan; en Portugal los de izquierdas sueñan demasiado; y en España los de izquierdas tienen sus voces ahogadas: ¡en España son los de derechas los que hacen las protestas y las huelgas! En el resto del mundo, si eres de izquierdas serás machacado por la prensa internacional…
Así las cosas parece que esto de ser de izquierdas no está muy valorado, yo me parto la camisa y me echo al pozo de los deseos: ¡y es que lo que quiero es un mundo nuevo!
Nunca está de más el engancharse a uno de esos intelectuales que saben poner en palabras mis pensamientos mejor que yo los pienso. Esta semana le toca a uno de nombre raro, Zygmunt Bauman. En la última edición de la revista ‘Soundings’, Barman se pregunta si hay algún futuro por la izquierda (ya que algunos sugieren que la izquierda debiera abandonarse para siempre) y expone unos argumentos brillantes que demuestran la vigencia del pensamiento ‘de izquierdas’ y la inmortalidad de la obra de Marx. Entre otras cosas, Bauman aleja la idea de la izquierda del rescate de las pesadillas comunistas de la guerra fría, de la mera oposición a la derecha, o de la tercera vía de Blair. Barman explica, poniendo mis propios sentimientos en pocas palabras que ser de izquierdas significa el mantener dos enunciados fundamentales. En sus propias palabras (a través de mi pobre traducción):

“El primer enunciado es el deber de la comunidad de asegurar sus miembros contra la mala fortuna del individuo. Y el segundo es que, al igual que la fortaleza de un puente se mide por su apoyo más débil, la calidad de vida en una sociedad se mide por la calidad de vida de sus miembros más débiles.”

O lo que es lo mismo: ser de izquierdas no es solo una responsabilidad moral: es también la única manera de que nuestras sociedades sobrevivan al desastre que esta por venir. Y si no, reflexionemos: vivimos en una sociedad donde la comercialización de TODO (hasta la vergüenza se comercializa hoy en día) ha hecho de la nuestra una sociedad donde la felicidad parece un sueño imposible. Además, tenemos el proceso de globalización, que diluye las fronteras y transforma el poder haciéndolo invisible. La izquierda es la única postura que nos puede ayudar a buscar soluciones. Bauman explica que la izquierda…

“…es el adversario natural y enemigo jurado y firme de todo pensamiento único, ya sea en su concepción actual o de cualquier otra manera- como por ejemplo la postura de ‘esta es la única alternativa posible’. Si un optimista es ese que cree que vivimos en el mejor de todos los mundos posibles, y el pesimista es alguien que sospecha que el optimista debe tener razón, la izquierda se coloca en un tercer campo: ese de la esperanza.”

Así pues es la izquierda la que tiene valor para esperar- y reclamar- algo mejor. Por eso soy de izquierdas, por mi negativa a CONFORMARME. Dejadme añadir un pensamiento final, también de Bauman, que espero deshaga algunos malentendidos sobre la izquierda (aunque ya se que para algunos de sus críticos sea imposible escuchar los argumentos desde la izquierda, tan ahogados como están en su propia cacofonía de voces):

“La mejor manera de describir a la izquierda es como una posición que permanentemente critica las realidades de la vida social, que permanentemente faltan a los valores que la sociedad profesa y que promete servir. La izquierda no está confinada a ningún modelo específico que tenga que incluir a todos los humanos. El único modelo que rechaza tolerar es un régimen que se juzga a sí mismo como perfecto - o como el mejor de todos los mundos posibles - y por lo tanto se cree inmune a cualquier tipo de crítica. La izquierda desea una sociedad humana, que se esfuerce por la justicia para todos sus miembros. La izquierda define una sociedad como justa aquella que reconoce que todavía-no-es-suficiente, y que este reconocimiento se debate, cuaja y estimula la acción.”

Por qué luchar (y por qué no)

Más de una vez me encuentro a mí misma reprochándome el no haber sido capaz de sumergirme en el mundo de activismo y revolución que en mis sueños podría cambiar el mundo. La verdad que me gustaría poder decir que lo que hago tiene un impacto verdadero en nuestras vidas, que de verdad mi trabajo contribuye a hacer una sociedad mejor…
Y sin embargo me siento continuamente como un peón más que contribuye a mover la máquina capitalista. ¿Qué hace de mi trabajo algo distinto, algo verdaderamente positivo? Nada. Y sin embargo, mis prácticas de consumo contribuyen, como las de cualquier hijo de vecino, a hacer de este mundo un lugar cada día más insoportable.
Lo que más me acongoja son esas retahílas de: el mundo es así, total, que otra cosa quieres, los hombres son malvados demonios a los que no se les puede confiar nada, sólo se les puede controlar con cárceles, o dejarlo todo en el mercado invisible que lo controla todo (a pesar de no existir) o yo que sé. De corazón os digo que si me pongo a creerme todo estoy me echo de cabeza a luchar en el Rainbow Warrior para abogar por la desaparición del hombre en el mundo; o mejor me voy a las filosofías hindúes que dicen que debemos dejar al hombre que se destruya a sí mismo, que la naturaleza ya se regenerará después de la desaparición del hombre… vamos, de aquí a predicar el día del juicio final, un paso de los de Torrebruno.
En su infinita sabiduría Zen la cultura japonesa nos a arrojado metáforas e historias sobre la eterna lucha entre el hombre y la naturaleza. Un ejemplo muy hermoso de esto es una de las películas de animación más fantásticas de todos los tiempos: La Princesa Mononoke. Sen, la princesa Mononoke es una chica a la que han criado los lobos y ahora les ayuda a destruir a los humanos que gradualmente destruyen el bosque para extraer hierro.

Ashitaka es un príncipe que busca el camino para alejar de sí una maldición contraída después de matar a un demonio, un cerdo salvaje. La película explica el conflicto entre los humanos y el bosque. No explico más para no destrozar la película, que es muy hermosa (no sólo la historia, sino también los dibujos).

Porque hablo de la Princesa Mononoke, me diréis. Bueno, la mayoría de la gente cree que esta película explica como la lucha entre la naturaleza y el hombre solo puede acabar con la destrucción de ambos. Para mí, la película habla exactamente de lo contrario: para que el hombre y la naturaleza crezcan juntos necesitar confiar el uno en el otro. Cuando hablo en confiar, me refiero a que deben dejar que el otro se aproveche de su generosidad para protestar. La destrucción empieza cuando el hombre intenta la completa dominación del bosque.
Pero, ¿quién quiere dominar la naturaleza? Nos han metido en la cabeza las ideas de esta lucha sin final cuando en realidad siempre hemos vivido con (y no sobre) la naturaleza. Así pues, siempre hemos cultivado, deforestado y machacado nuestras tierras, pero siempre las hemos dejado volver a su lugar.
La pregunta que nos concierne aquí es: ¿en la cúspide del desarrollo industrial, tiene el hombre el poder suficiente para dominar, y por lo tanto para destruir, la naturaleza? Y si lo tiene, ¿hasta donde vamos a llegar? Y en el camino a la destrucción, la Princesa Mononoke también habla de esto, ¿qué ocurre con aquellos cuyas voces ni siquiera llegan a ser escuchadas? En la Princesa Mononoke, el bosque tiene que ser explotado dando así una oportunidad a las prostitutas y a los leprosos que la sociedad rechaza.
Estos son los interrogantes que me vienen a la cabeza cuando me levanto, y a los que trato de responder, de una manera más o menos abstracta, con mi propio trabajo. Por supuesto, alguien diría, esto será útil tan pronto como se encuentre la respuesta… pero a falta de respuesta a uno le dan ganas de cuestionar si es que son estas las preguntas adecuadas…

Gramáticas y gramatistas

Esta semana Rubiales en su blog El Océano nos plantea una interesante questión, al hilo de los pensamientos de Gabriel García Márquez. El dilemma en cuestión es la necesidad de una gramática en el mundo de hoy.
Da la casualidad que dedico una gran parte del día en pensar en cosas como ésta, aparentemente irrelevantes, y sin embargo, cosas que están en el corazón de nuestro ejercicio diario de la personalidad.
En primer lugar el lenguage no es una cosa que 'es' sino, mal copiando a Deleuze, el lenguage es algo que 'deviene'. Esto es, el lenguage es creado y recreado en multitud de interacciones diarias, las cuales estan simultáneamente dentro y fuera de nuestro control. Lo que quiere decir, que en vano se ponen trabas y reglas a un lenguage en constante evolución.
Por otro lado, la existencia de la gramática no es superflua, ni mucho menos. Comprendiendo la gramática comprendemos el intringulis de las relaciones humanas. Por un lado parecen sujetas a millones de reglas talladas en nuestro subconsciente (eg yo pregunto tu respondes, etc etc etc). Por otro lado la excepción y la sorpresa es lo que hace la interaccion realmente interesante. Como una gramática, sostenida en unas cuantas reglas pero presas de las excepciones y la gramática.
Mi argumento: la gramática es innecesaria como cerrajera del lenguage y sin embargo es extremadamente necesaria para la integración del lenguage en los aspectos más cotidianos de nuestra vida. Si bien la gramática no dictamina necesariamente lo que se dice o no (de hecho el lenguage coloquial es más bien agramático, y por eso, tan difícil de representar en las novelas y libros) la gramática es esencial para obtener una imagen coherente del lenguage como un aceptable medio de comunicación. Y si no, pensemos en el lenguage gestual: no hay gramática alguna de los gestos y por tanto nos parecen carentes de significado dentro de un sistema coherente de comunicación y sin embargo son la base de la comunicación diaria. Sin gestos no hay comunicación y sin embargo es difícil explicarlos sin recurrir al subconsciente o al instinto o como mucho al hábito.
No olvidemos que el lenguage es ante todo un instrumento de racionalización (quizá también de opresión) y como tal necesita tener una base racionalizada para crear la ilusión de que nos permite una comprensión racional del mundo. Podemos decir que en realidad, por culpa del lenguage, la parte que comprendemos del mundo es muy pequeña. Pero hasta que alguien no demuestre lo contrario, el lenguage nos da la receta de la única sociedad viable.
Sí a la gramática (pero en el fondo mantengo la esperanza de que un abandono total de la gramática revolucione el mundo y nos volvemos nuevos)
Y otra cosa, ¿ por qué la ortografía es un sufrimiento y no un maravilloso divertimento?
Me parece un tema interesantísimo, pero no vale escudarse detrás d euno de los grandes, Rubiales, ¿qué es lo que tu piensas?
Muchos besos

Desde que estoy en Sabi...

Desde que estoy en Sabi se me pasa el tiempo echando hostias y la verdad es que me cunde mucho menos... tengo que preparar mi disertacion para despues de Navidad, o sea que ya me puedo meter caña y vidilla... en fin, una de las cosas por las que el tiempo se me pasa rapido es porque tengo que hacer varias cosas cuanto antes y cuando tienes fechas de entrega parece que el tiempo cunda menos. Lo que entregue ayer ha sido uno de los grandes retos que he afrontado este año, uno de los temas mas complejos del universo.
Algunos de vosotros recordareis a Stephen Hawkins, el cientifico ese turuleta que va en una silla de ruedas y habla con todo el mundo apretando un boton. Bueno, no es que me quiera meter con el señor Hawkins por su enfermedad, porque es un ejemplo a seguir de como luchar contra la adversidad. Pero como cientifico, amigo, eso es otra cosa. Imagino que dependera a quien le preguntes pero lo que es a mi lo tengo claro: hace unos años Mr Hawkins declaro una bravuconada: que estaba cerca de conseguir escribir la ecuacion total, la ecuacion que describiria todo el universo. Hace un año o dos Mr Hawkins declaro con pesar que su empresa era imposible.
¡Y tanto que era imposible! No solo era imposible sino que ademas era una estupidez total. Y eso es sobre lo que estoy escribiendo. Quiero decir, no sobre el señor Hawkins y sus delirios de grandeza, sino de la enfermedad congenita que afecta a una gran parte de los cientificos mundiales que les hace creer la ilusion de que el mundo es algo que se puede reducir en ecuaciones matematicas. Gracias a Dios (a la evolucion mas bien) el mundo es una cosa compleja que se resiste al reduccionismo recalcitrante y nos sorprende con giros inesperados que hacen que tengamos que recordarnos una y otra vez que solo somos hombres/mujeres, mortales y finitos y que nos queda mucho para entender donde vivimos.
Aun dire mas: seamos felices de que no solo estamos lejos de conocer el mundo sino que ademas es imposible que lo conozcamos: porque el conocer implica simplificacion y la simplificacion implica la representacion imperfecta de una parte de la realidad (solo se que no se nada, dijo Socrates, uno de los grandes sabios de su tiempo)- y otra cosa mas: nunca sabremos nada sin haberlo interpretado antes, por lo tanto el conocimiento de cada uno es estrictamente personal, y al mirar al mundo e interpretarlo lo 'construimos' de modo que podamos hacernos un huequito en el (o 'el hombre es la medida de todas las cosas' que dijo Protagoras, otro de los hombres mas sabios del tiempo de Socrates).
No me digais eso de que los griegos estaban retrasados y nosotros vivimos en la era del progreso... ¿progreso? Un conductor de autobus me dijo el otro dia:`'para unas cosas vamos para alante, pero para otras... para atras': Lo que es el saber popular. El progreso avanza, llevandonos a limites inesperados de bienestar y consumismo, pero en el camino, justificaciones incomprensibles se inventan para destruir y oprimir a aquellos que no tienen el poder de decidir las reglas del juego. En el camino del progreso se han sumado los oportunistas de la opresion.
Por eso yo me quejo de la ciencia, porque es uno de mis tesoros. La ciencia es esa cosa maravillosa que nos permite construir conocimiento y transmitirlo, y transformarlo para realizar los limites de la imaginacion humana. Pero en el camino la ciencia se ha convertido en un mounstrou ajeno, del que no podemos dudar,al que no podemos sonreir, un Frankenstein incontrolable que cree que siempre tiene razon sin atender a las demandas de la sociedad o al sentido comun.
Por eso me quejo de la ciencia, porque creo en una cie3ncia autocritica y democratica, lejos de la ilusion de alcanzar la verdad absoluta que ni siquiera necesitamos, y emperrada en la empresa de conseguir una vida mejor para TODOS (donde todo el mundo cuente como TODOS).

Una charla entre Rut y yo

Un día, sentadas sobre las piedras de una playa en Almería, mi amadísima Rut y yo tuvimos una agitada discusión sobre el significado mismo de ser libre y la libertad. En esencia, la discusión empezó cuando ella me preguntó en que demonios estaba yo pensando mirando al océano con la mirada perdida, y yo le dije que estaba pensando en que era la libertad, y en como podíamos entender lo que la libertad era. Así que le pregunté a Rut que pensaba ella del tema.
Rut me dijo que libertad era la capacidad de elección sobre todos los aspectos de nuestras vidas. Yo le dije que la libertad no podía ser simplemente la capacidad de elección, porque muchas veces la capacidad de elección no incrementa sino que disminuye tu libertad. El ejemplo perfecto es la moda: cuanto más fácil es el acceso a la moda (o sea, cuanto más podemos elegir entre determinados estilos y complementos etc) mayor es la coacción consumista, mayor es la necesidad de comprar lo que esta a la moda (o lo que no), mayor es la necesidad de expresar una identidad en nuestra ropa y nuestros complementos. O sea, que aumenta tu capacidad de elección pero reduce tu libertad.
Otro ejemplo: la existencia que grandes almacenes. Cuando vamos a grandes supermercados nos encontramos con un rango mucho más elevado de posibilidades de elección, y sin embargo esto no aumenta necesariamente nuestra satisfacción: en ocasiones, la variedad de productos es tal que al final confundimos criterios o elegimos en base a criterios que a priori no nos parecerían muy adecuados. Otras veces la presencia de muchas opciones es en detrimento de opciones mucho más fundamentales (aquí en UK por ejemplo es común tener a tú disposición múltiples variedades de queso de las cuales todas saben a lo mismo; al final, es imposible tener un buen queso de calidad. En mi opinión, yo me sentiría más libre poniendo a mi disposición un queso de buena calidad que un montón de quesos de baja calidad. Pero sin embargo, la necesidad de proveer a los consumidores con múltiples variedades de queso resulta en una disminución de la calidad general del queso, ya que al final se imponen los criterios más populares (bajo coste, mucho embalaje, variedad de producto)). Creo que estos ejemplillos de supermercado muestran que en general no se puede afirmar que capacidad de elección sea lo mismo que libertad.
Esto desde luego en política se da con mucha frecuencia. A veces votando uno se siente como si votara al menos malo (para mí no tanto en los últimos años en España, pero en general, y desde luego aquí en UK siempre). Y uno tiene la sensación esa de “salir de Guatemala para caer en Guatepeor”.
Pero claro, cuando intentas explicar lo que la libertad es, en sustitución a la definición tradicional, no hay mucho que decir en su lugar. En la definición filosófica tradicional libertad sería la capacidad del hombre para decidir su destino. Parece pues equivalente a capacidad de elección. O sea, que tener más opciones entre las que elegir nos haría más dueños de nuestro destino. Este era el argumento de Rut, como siempre en todo lo que ella dice, parapetado tras una impecable lógica. Y como ocurre siempre que las cosas se visten de lógica absolutamente convincente. Y sin embargo, incapaz de convencerme: he aquí donde yo me planteo la contradicción implícita en el concepto de libertad.
Voy a poner un ejemplo teórico sin ninguna base real, pero que me parece ilustrativo. Imaginemos un bosque impenetrable dentro del cual vive una comunidad, cuyo estilo de vida, con prácticas más o menos cuestionables dependiendo de la cultura con que se mire, hace creer a sus habitantes que viven en la máxima felicidad posible. Ahora, imaginemos una cultura externa a dicho bosque, de valores completamente opuestos a los de la sociedad escondida en el bosque, cuyos miembros pugnan por explotar el bosque e incluir a los miembros de la sociedad del bosque en la suya propia. Dicha sociedad externa amenaza con destruir la vida en esta pequeña comunidad, porque al ponerse en contacto ambos mundos creara una contradicción entre los valores de ambas sociedades que hará que los valores más débiles (los de la sociedad que vive dentro del bosque) se desintegren. Y ahora el rompecabezas: ¿Cuándo son los habitantes de la comunidad de dentro del bosque más libres? Las opciones son:
1- Cuando son invadidos por la sociedad externa y se ven obligados a elegir entre los valores tradicionales o los nuevos valores, pero la desintegración de los valores tradicionales les obliga a decantarse a los nuevos valores?
2- Cuando permanecen dentro del bosque ajenos a la existencia de otra cultura manteniendo los valores tradicionales?
Yo argumentaba, sin mucho convencimiento, que quizá la segunda opción fuera la más libre; Rut sin embargo creía firmemente que cuando la cultura tradicional puede elegir entre ambas culturas sus habitantes son más libres.
No conseguimos llegar a un acuerdo. Pero mi argumento es que tener más opciones de elección puede crear más libertad pero puede que no. Esto tiene consecuencias políticas importantes, pero que para no extenderme elaboraré otro día.
Siento el rollo ya sabéis que hay un filósofo pesado que habita dentro de mí...
Besos

Mis propios miedos liquidos

Bueno, vaya día: si es que soy un desastre. Hoy ha sido el día de mi primer accidente de tráfico. Vamos, nada una rozadura idiota, pero un rollo total con el seguro y todo lo demás. No faltaba más que eso para aumentar el miedo que tengo en el cuerpo desde hace dos semanas. Pensaba que era solo por lo del robo (bueno, hoy ha habido un anuncio de un robo en la biblioteca, pero vamos, que no estoy solea en ello) pero en el fondo mis miedos son algo más que eso, algo más metafísico, más allá de lo que puedo llegar a comprender.
Me he refugiado en mi hogar natural, la biblioteca, y he buscado en los libros la respuesta que no podía encontrar en ningún otro sitio. Tras un par de horas tanteando diversos libros he encontrado finalmente algunas respuestas, si no incompletas, a este sinsentido que me acompaña las últimas semanas.
El libro que finalmente me ha ayudado ha sido “Miedo líquido’ uno de un sociólogo llamado Zygmunt Bauman. Bauman es un famoso pensador de los llamados ‘postmodernos’. La postmodernidad de Barman se resume (según la sacrosanta wikipedia) en la existencia de dos características principales en nuestra sociedad:

1- La dirección de la sociedad hacia un objetivo que no se puede identificar con claridad que reside en un conflicto entre la apreciación y el rechazo de todo lo que es (o parece ser) diferente.

2- Un modo de vida en la que la diferenciación intrínseca entre seres humanos es aceptada y asimilada: todos aceptamos que tenemos que asumir (o tolerar en el lenguaje políticamente correcto de nuestros días) las diferencias.

Espero que Bauman no me matara al leer esto... porque hoy sus ideas parecen ser la única manera de calmarme. Particularmente vivo inmersa en una continua autocrítica que no me permite afirmarme en nada de lo que hago. Por eso lo que Bauman dice me parece muy razonable en particular:

‘Hemos tratado de exorcizar nuestros miedos, y hemos fallado, habiendo añadido tan solo en el transcurso de nuestro juicio de la suma total de horrores de la modernidad, que también el clamor contra estos horrores debe ser confrontado y expulsado. El más espantoso de los nuevos miedos (de la modernidad) es el miedo de ser incapaz de reconocer o escapar la condición de vivir preso del miedo. Ahora que el optimismo inicial (de la modernidad) ha desaparecido, nos aterroriza que las catástrofes que asolaron a nuestros antepasados no solo pueden volver a ocurrir sino que además son ineludibles.’

Vamos, que lo más podidamente horrible de tener miedo es el pensar que todas estas cosas están fuera de nuestro control. Por ejemplo, el rollo del coche. Me da por culo tener coche. No me hace la más mínima ilusión tener coche y además, no me hace ninguna ilusión conducir cada día. Es agotador y aburrido. Pero las opciones son:

• Confiar en compañeros de trabajo que me llevan en su coche a regañadientes;
• Coger un autobús que tarda mil años y me deja a quince minutos andando del trabajo (después de haber tenido que cambiar de autobús)
• Usar una opción similar pero en tren.

Vamos, que puedo tirar tres horas en el tren o en el autobús cada día o tirar una hora en el coche; y eso a menor coste diario (aunque claro si uno cuenta las reparaciones de rozaduras que parece que voy a tener cada día…)
Parecido el caso al pánico que me da ahora mi calle....
No ayuda tener la sensación de que falta una red de emergencia social a la que recurrir…
Sin embargo Bauman también dice otra cosa: dice que en nuestro mundo ya no nos apoyamos en la confianza en uno mismo: en su lugar buscamos garantías de tranquilidad en la seguridad que nos ofrece la sociedad. Bauman usa estos argumentos con propósitos diferentes de los míos (no en vano el es un intelectual y yo me quedo en ciudadana de a pie) pero, ¿significa esto que si pudiéramos confiar en nosotros mismos un poco más nuestra seguridad aumentaría? Pero volvamos al ejemplo del coche: tu seguridad en el coche no depende de ti sino que depende de un millón de circunstancias: el diseño del coche, la gente conduciendo a tu alrededor, las normas de circulación; pero por encima de eso, tu seguridad depende de factores que sólo tú puedes controlas y que sin embargo parecen fuera de tu control, como la confianza en uno mismo, la presión para no equivocarse siguiendo las normas de circulación. De algún modo el coche es una cosa muy complicada porque el más mínimo error desencadena un millón de consecuencias desagradables: por ejemplo una rozadura en mi coche esta mañana (al otro coche no le he hecho nada) me ha jodido absolutamente todo el día, me ha jodido el seguro, me ha jodido dos días de rutina sin el coche y por encima de todo me ha ayudado a formar una imagen de mí misma como una más de las contribuyentes a la inseguridad en la que se vive en este país. Así que sin quererlo me he convertido en causa de inseguridad, y en zozobra para todos los que han sufrido las consecuencias de mi acción.
Vamos, que conduzco con el culo pero no encuentro la manera de conducir mejor o de evitar el tener que conducir.
¿Es esto parte de la modernidad líquida de Bauman? Me gustaría preguntarle, a ver que piensa.

Maneras de vivir

Estoy na más que escribiendo un artíulo ciertamente filosófico sobre differentes maneras de mirar al mundo. En diversas teorías de sistemas complejos, este tipo de problemas se llaman ‘problemas de escala’, esto es, dependiendo de la unidad de medida que uses para mirar al mundo verás diferentes cosas. Vamos, tanta innovación para venir a decir una cosa sacrosanta en la sabiduría popular: ‘todo depende del cristal con que se mire’.
Esto, que a priori parece una obviedad, tiene consecuencias muy importantes sobre todo para resolver todo tipo de problemas políticos y sociales. El resultado obvio es que las políticas y soluciones concretas que demos a un determinado problema estarán muy relacionadas con los términos de referencia que hayamos usado para explicar el problema.
Debo estar bloqueada porque de repente no se me ocurre ningún ejemplo, pero ejemplos hay miles de millones...
En fin, lo voy a dejar por hoy, pero ya me diréis si tenéis una opinión sobre lo que digo arriba... me parece que hoy estoy bloqueada...
Besos

El todo y la inconsistencia

Bueno, como este es mi blog y hago con él lo que quiero me he tomado la libertad de presentaros aquí la traducción del artículo de Verena Hubert-Dyson "Godel in a nutshell" publicado por EDGE

GODEL EN UN SEGUNDO

La esencia del “Teorema de lo completo” de Gödel es que un sistema no puede ser simultáneamente completo y consistente. A grandes rasgos, la conclusión antropomórfica es que hay tres tipos de persona: esos que tienen respuestas para todo; esos que se aterran ante la inconsistencia; y esos que saltan sobre los agujeros dejados por lo completo y la lucha entre las inconsistencias, a pasos de gigante- si es que aún siquiera notan esa lucha- o si no, sucumben a la tragedia de la condición humana.

El primer tipo de persona es aquel que siempre tiene en la manga una referencia a las autoridades: la religión, la burocracia, los gobiernos y hasta los propios prejuicios. Postulan un Ser Supremo que conoce todas las respuestas, porque, según ellos, hay una respuesta para TODO. Sortean las inconsistencias saltando sobre ellas, apartándolas a un lado, barriéndolas debajo de la manta, ignorándolas o riéndose de ellas. Este tipo de personas son impredecibles y exasperantes aunque a menudo te desarman con su encanto.

El segundo tipo de persona es más heroico e independiente. No se asustan ante las vastas extensiones de lo desconocido; avanzan y se deleitan sobre cada nueva pregunta nacida de las respuestas a otras preguntas. Pero cuando se levantan contra el muro de la inconsistencia entran en la erupción violenta de una locura rabiosa. Estos claustrofóbicos son, de hecho, las mentes científicas.

Finalmente existe el individuo corriente que construyen su experiencia de la vida y el mundo con ambos aspectos del teorema de lo completo, la inconsistencia y la falta del conocimiento completo. Algunos de estos individuos comunes, al dejarse llevar hasta el límite por las barricadas de la paradoja y las trampas de lo desconocido, se vuelven locos.