Soy fan de Semenya
¿Cuál es el secreto de Semenya? Ni lo sé ni me importa. Si miro su fotografía veo: a una chica, casi niña, con un cuerpo de atleta, una campeona. Y eso es todo lo que cuenta: como ganó la carrera como si ni se molestara en competir con las otras, como los grandes, fingiendo que no les cuesta esfuerzo (en esto no hubo nadie como Indurain claro). Y, sin embargo, Semenya podría estar pasando estos días uno de los momentos más duros de su vida. El día en que unos desaprensivos (lo siento mucho pero no puedo imaginarlos más que hombres, aunque soy consciente que tendrán algunas complices féminas) han decidido decirle a Semenya que quizá no es Semenya ya, que no es una mujer, que es otra cosa.
Y yo me pregunto ¿cómo narices puede haber alguien dispuesto a cuestionar el sexo de una persona? Bastante que se cuestione la sexualidad de la gente sin venir a cuento, pero que encima te vengan a decir que no sabes quien eres, me parece que es pasarse cien pueblos y medio. Y lo pero es la excusa de la ciencia, la ‘medición’ del gen XY. ¿Pero quién se creen que son esos ‘científicos’ para decirle a Semenya (o para decirle a cualquier otra persona) que sexo tiene? Los científicos son los encargados de inventar categorías para explicar la realidad, claro; pero eso no quiere decir que la realidad se tiene que ajustar a las teorías de los científicos. Más bien, son los científicos los que se tendrían que ajustar a las sorpresas de la realidad.
En cualquier caso, esto a Semenya, ni fú, ni fá. En la cuestión de su sexo, sólo debería intervenir ella, su madre, y en todo caso, quien quiera que la viera nacer. Por lo demás, los científicos se deberían reservar su juicio para resolver los problemas de la gente, no para crearlos.
Para mi, las grandes perdedoras han sido las compañeras de Semenya que comenzaron a extender el rumor sobre su pretendida falta de feminidad. ¿Pero qué esperan de una corredora que además practica lucha libre? ¿Un cuerpo como la Kate Moss? Bastante se nos pide ya a las mujeres, hombre, ya esta bien de tener que atorarnos con tanos clichés sobre como tiene que ser nuestro cuerpo. Semenya puede tener bigote, bueno, pues yo también tengo. De acuerdo con mi hermano, tengo y mucho. Lo que pasa es que me lo quito, como toda hija de vecino, sobre todo, porque de acuerdo con esta sociedad estúpida, tener vello en la cara es una anormalidad en la mujer, en lugar de verlo como lo que es, la cosa más natural del mundo.
Me gustaría mandar toda mi solidaridad a Semenya, sumarme a las palabras de un político Sudafricano (no me acuerdo del nombre) que ha dicho que estas acusaciones y estos test idiotas son “un ataque a una hermosa mujer”. Y cada uno es hermoso a su modo, la hermosura no se clasifica, ni se mide. De hecho, tanto medir hermosuras en modelos y misses nos ha llevado a un mundo en el que parece que todas las mujeres tienen la misma cara y en el que penosos cirujanos se engordan el bolsillo (a menudo con grades riesgos para la mujer, el quirófano de estética tiene tantos riesgos como el obligado- y tampoco creo que tengan la culpa los cirujanos, porque para eso les pagan, claro).
En fin, ¡ojalá haya en el mundo muchas otras Semenyas, gente diferente y valiente, ganando carreras, ganando vidas y demostrando que la vida es sorprendente e impredecible!
martes, agosto 25, 2009 | | 3 Comments
Deseos y deseo
Me dijo mi amiga Renu ayer que no sabía como se dice en Hindú las palabras ‘necesidad’ y ‘deseo’. Según ella, los verbos necesitar y desear (o querer) si que existen, pero no los nombres. Y como yo le digo: será que en India la gente ‘desea’ cosas pero no tiene deseos? Bueno, estas dudas se han desvelado esta mañana cuando Renu finalmente se ha acordado de las palabras en cuestión.
Todo esto venía de la conversación que Renu y yo tuvimos ayer, después de habernos ido a ver estrellas fugaces (las lágrimas de San Lorenzo nos dejaron unos pocos regalos, pero generosos). Yo le dije que en España es costumbre pedir un deseo al ver una estrella fugaz. Ipso facto procedimos a hacer un comentario cultural sobre las variedades nacionales de deseo, y hasta esta mañana reflexionando!
Yo claro, no he estado pensando tanto en la traducción de estas palabras en Español e Inglés. En Inglés hay dos palabras que pueden traducirse como ‘deseo’: ‘wish’ y ‘desire’. Y aunque en el diccionario están definidas de modo muy parecido en realidad son un poco diferentes. Wish se refiere más a algo que se quiere (por ejemplo cuando se tiene un deseo para los Reyes Magos, el ratoncito Pérez o la estrella fugaz) y desire es similar pero se utiliza en ocasiones en las cuales eso que se quiere es casi como si nos poseyera, como el deseo sexual o el deseo de venganza o esos otros deseos sobre los que parecemos no tener control. Yo diría que aunque no se tiene control sobre lo que uno quiere hay como un límite entre el deseo racional (el wish) y el irracional (el desire), que en español parece que nos da igual. Y los deseos irracionales, los ‘desires’, son esos que al no controlar nos asustan, nos torturan, nos persiguen, no se adaptan a nuestra vida y nosotros no nos adaptamos a los deseos… Para complicar la cosa también tenemos necesidades (‘needs’), también cosas que queremos pero sin las cuales nuestra calidad de vida empeora. Creo que no hay una demostración más fantástica de esto que los libros de Michel Houellebecq, no sólo por la maravilla que es leerle (incluso sus finales absurdos), sino también por la reflexión desesperada de cómo el deseo, y a veces también la falta de deseo, machaca nuestras vidas… En Atomised (Atomizado en español?), sus dos protagonistas (que representan cada uno ‘el deseo sin límites’ y ‘la falta de deseo’) acaban odiando a su madre por su completa entrega a la revolución sexual de los años sesenta, que la llevaron a abandonar o ignorar o quizá incluso olvidar a sus hijos.
Esto os parecerá una banalidad, pero lo cierto es que nuestras sociedades enteras están determinadas por estas nociones de deseo y necesidad. Por ejemplo, nuestros sistemas económicos, nuestra motivación para trabajar, para formar vínculos sociales y románticos… por ejemplo, ahora que tanto se augura que vienen tiempos negros por el agotamiento de los recursos naturales, el tan manido concepto de sostenibilidad oscila alrededor de la definición de que es eso que, como seres humanos, necesitamos.
El otro día tuve una charla con unas amigas en un club de lectura que hacemos cada mes, y yo propuse leer a Giles Deleuze, un filósofo francés que escribió mucho sobre estas cuestiones. En particular yo trataba de explicar que, según he leído en el trabajo de este filósofo, el deseo se ha considerado tradicionalmente como una cuestión de ‘falta de algo’. O sea, que cuando sentimos que nos falta algo, ese vacío crea un deseo. Deleuze propone que esto no es muy acertado y que en su lugar deberíamos pensar en el deseo como una forma de producción, y a nosotros, a nuestros órganos, como maquinas que producen deseos. Estos deseos son muy positivos porque facilitan la comunicación entre estas ‘máquinas’, en otras palabras, constituyen el centro de nuestra vida (o al menos, así lo interpreto yo). O sea, que en vez de torturarnos por tener deseos prohibidos, deberíamos pensar más bien en abrazar esos deseos, y usarlos para hacer la vida más hermosa, más plena… Claro, que en esto nos encontramos con el mundo de convenciones sociales (el mismo ante el que se golpea la cabeza Michel Houellebecq?) y la infelicidad rodeándolo todo… Pero después de Deleuze a uno se le queda un sentimiento optimista, como de que todo es posible, incluso desear lo que uno desea desear. Como en las películas de Almódovar, en las que el deseo es algo afirmativo, poderoso, transformador (la productora de Almódovar se llama ‘El Deseo’).
Y los más cotillas (como yo haría) os preguntaréis: pero después de este rollo, ¿cuál debe ser ese deseo inconfesable de Vane que la tortura tanto? Bueno, a lo mejor no tengo ninguno, o si lo tengo, me lo guardo para mí, que las fantasías mejoran al calor del secreto.
jueves, agosto 13, 2009 | Labels: filosofia, literatura, sexo | 1 Comments