Parecidos Razonables

REQUETEVOLUCION
Disfunciones, disensiones y otras notas discordantes

¿Cuál es el secreto de Semenya? Ni lo sé ni me importa. Si miro su fotografía veo: a una chica, casi niña, con un cuerpo de atleta, una campeona. Y eso es todo lo que cuenta: como ganó la carrera como si ni se molestara en competir con las otras, como los grandes, fingiendo que no les cuesta esfuerzo (en esto no hubo nadie como Indurain claro). Y, sin embargo, Semenya podría estar pasando estos días uno de los momentos más duros de su vida. El día en que unos desaprensivos (lo siento mucho pero no puedo imaginarlos más que hombres, aunque soy consciente que tendrán algunas complices féminas) han decidido decirle a Semenya que quizá no es Semenya ya, que no es una mujer, que es otra cosa.
Y yo me pregunto ¿cómo narices puede haber alguien dispuesto a cuestionar el sexo de una persona? Bastante que se cuestione la sexualidad de la gente sin venir a cuento, pero que encima te vengan a decir que no sabes quien eres, me parece que es pasarse cien pueblos y medio. Y lo pero es la excusa de la ciencia, la ‘medición’ del gen XY. ¿Pero quién se creen que son esos ‘científicos’ para decirle a Semenya (o para decirle a cualquier otra persona) que sexo tiene? Los científicos son los encargados de inventar categorías para explicar la realidad, claro; pero eso no quiere decir que la realidad se tiene que ajustar a las teorías de los científicos. Más bien, son los científicos los que se tendrían que ajustar a las sorpresas de la realidad.
En cualquier caso, esto a Semenya, ni fú, ni fá. En la cuestión de su sexo, sólo debería intervenir ella, su madre, y en todo caso, quien quiera que la viera nacer. Por lo demás, los científicos se deberían reservar su juicio para resolver los problemas de la gente, no para crearlos.
Para mi, las grandes perdedoras han sido las compañeras de Semenya que comenzaron a extender el rumor sobre su pretendida falta de feminidad. ¿Pero qué esperan de una corredora que además practica lucha libre? ¿Un cuerpo como la Kate Moss? Bastante se nos pide ya a las mujeres, hombre, ya esta bien de tener que atorarnos con tanos clichés sobre como tiene que ser nuestro cuerpo. Semenya puede tener bigote, bueno, pues yo también tengo. De acuerdo con mi hermano, tengo y mucho. Lo que pasa es que me lo quito, como toda hija de vecino, sobre todo, porque de acuerdo con esta sociedad estúpida, tener vello en la cara es una anormalidad en la mujer, en lugar de verlo como lo que es, la cosa más natural del mundo.
Me gustaría mandar toda mi solidaridad a Semenya, sumarme a las palabras de un político Sudafricano (no me acuerdo del nombre) que ha dicho que estas acusaciones y estos test idiotas son “un ataque a una hermosa mujer”. Y cada uno es hermoso a su modo, la hermosura no se clasifica, ni se mide. De hecho, tanto medir hermosuras en modelos y misses nos ha llevado a un mundo en el que parece que todas las mujeres tienen la misma cara y en el que penosos cirujanos se engordan el bolsillo (a menudo con grades riesgos para la mujer, el quirófano de estética tiene tantos riesgos como el obligado- y tampoco creo que tengan la culpa los cirujanos, porque para eso les pagan, claro).
En fin, ¡ojalá haya en el mundo muchas otras Semenyas, gente diferente y valiente, ganando carreras, ganando vidas y demostrando que la vida es sorprendente e impredecible!
Me dijo mi amiga Renu ayer que no sabía como se dice en Hindú las palabras ‘necesidad’ y ‘deseo’. Según ella, los verbos necesitar y desear (o querer) si que existen, pero no los nombres. Y como yo le digo: será que en India la gente ‘desea’ cosas pero no tiene deseos? Bueno, estas dudas se han desvelado esta mañana cuando Renu finalmente se ha acordado de las palabras en cuestión.
Todo esto venía de la conversación que Renu y yo tuvimos ayer, después de habernos ido a ver estrellas fugaces (las lágrimas de San Lorenzo nos dejaron unos pocos regalos, pero generosos). Yo le dije que en España es costumbre pedir un deseo al ver una estrella fugaz. Ipso facto procedimos a hacer un comentario cultural sobre las variedades nacionales de deseo, y hasta esta mañana reflexionando!
Yo claro, no he estado pensando tanto en la traducción de estas palabras en Español e Inglés. En Inglés hay dos palabras que pueden traducirse como ‘deseo’: ‘wish’ y ‘desire’. Y aunque en el diccionario están definidas de modo muy parecido en realidad son un poco diferentes. Wish se refiere más a algo que se quiere (por ejemplo cuando se tiene un deseo para los Reyes Magos, el ratoncito Pérez o la estrella fugaz) y desire es similar pero se utiliza en ocasiones en las cuales eso que se quiere es casi como si nos poseyera, como el deseo sexual o el deseo de venganza o esos otros deseos sobre los que parecemos no tener control. Yo diría que aunque no se tiene control sobre lo que uno quiere hay como un límite entre el deseo racional (el wish) y el irracional (el desire), que en español parece que nos da igual. Y los deseos irracionales, los ‘desires’, son esos que al no controlar nos asustan, nos torturan, nos persiguen, no se adaptan a nuestra vida y nosotros no nos adaptamos a los deseos… Para complicar la cosa también tenemos necesidades (‘needs’), también cosas que queremos pero sin las cuales nuestra calidad de vida empeora. Creo que no hay una demostración más fantástica de esto que los libros de Michel Houellebecq, no sólo por la maravilla que es leerle (incluso sus finales absurdos), sino también por la reflexión desesperada de cómo el deseo, y a veces también la falta de deseo, machaca nuestras vidas… En Atomised (Atomizado en español?), sus dos protagonistas (que representan cada uno ‘el deseo sin límites’ y ‘la falta de deseo’) acaban odiando a su madre por su completa entrega a la revolución sexual de los años sesenta, que la llevaron a abandonar o ignorar o quizá incluso olvidar a sus hijos.
Esto os parecerá una banalidad, pero lo cierto es que nuestras sociedades enteras están determinadas por estas nociones de deseo y necesidad. Por ejemplo, nuestros sistemas económicos, nuestra motivación para trabajar, para formar vínculos sociales y románticos… por ejemplo, ahora que tanto se augura que vienen tiempos negros por el agotamiento de los recursos naturales, el tan manido concepto de sostenibilidad oscila alrededor de la definición de que es eso que, como seres humanos, necesitamos.
El otro día tuve una charla con unas amigas en un club de lectura que hacemos cada mes, y yo propuse leer a Giles Deleuze, un filósofo francés que escribió mucho sobre estas cuestiones. En particular yo trataba de explicar que, según he leído en el trabajo de este filósofo, el deseo se ha considerado tradicionalmente como una cuestión de ‘falta de algo’. O sea, que cuando sentimos que nos falta algo, ese vacío crea un deseo. Deleuze propone que esto no es muy acertado y que en su lugar deberíamos pensar en el deseo como una forma de producción, y a nosotros, a nuestros órganos, como maquinas que producen deseos. Estos deseos son muy positivos porque facilitan la comunicación entre estas ‘máquinas’, en otras palabras, constituyen el centro de nuestra vida (o al menos, así lo interpreto yo). O sea, que en vez de torturarnos por tener deseos prohibidos, deberíamos pensar más bien en abrazar esos deseos, y usarlos para hacer la vida más hermosa, más plena… Claro, que en esto nos encontramos con el mundo de convenciones sociales (el mismo ante el que se golpea la cabeza Michel Houellebecq?) y la infelicidad rodeándolo todo… Pero después de Deleuze a uno se le queda un sentimiento optimista, como de que todo es posible, incluso desear lo que uno desea desear. Como en las películas de Almódovar, en las que el deseo es algo afirmativo, poderoso, transformador (la productora de Almódovar se llama ‘El Deseo’).
Y los más cotillas (como yo haría) os preguntaréis: pero después de este rollo, ¿cuál debe ser ese deseo inconfesable de Vane que la tortura tanto? Bueno, a lo mejor no tengo ninguno, o si lo tengo, me lo guardo para mí, que las fantasías mejoran al calor del secreto.
a las
14:06
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: filosofia, literatura, sexo
Ya tenía el día malo pero la noticia de la violación de una niña en Baena me ha puesto los pelos de punta. Por un lado está la barbaridad que no se pueda hacer nada y que un juez considere que como la chica no resistió no se puede considerar agresión sexual. Por otro, me parece increible que esto pudiera ocurrir a la luz del día, y que una testigo tardara 5! horas en comunicarlo a la policía. Yo no soy muy tremendista con noticias de sociedad, pero esto clama al cielo. Lo voy a registrar como ejemplo de la situación insostenible en que las mujeres viven en esta sociedad patriarcal en la que vivimos.
Por un lado, no se puede admitir que esto este registrado como una no-agresión sexual. Si bien nuestras leyes se construyen en base a ciertas definiciones, este ejemplo demuestra que esas definiciones no pueden abarcar todas las barbaridades con las que nos sorprende la realidad. Como se puede decir que la pobre chica consistió cuando fue amenazada por 6! tipos, uno de ellos de 22 años, que encima la chantajeaban, y para mas inri la chiquilla estaba emocionalmente atada a uno de ellos. Está claro que las leyes no son perfectas, pero que la ley no pueda entender la burrada a la que esta chica ha sido sometida, demuestra que tenemos que buscar otro modo de afrontar estos problemas.
Si bien, por otro lado, entiendo que esta agresión no se puede entender solamente como el producto de seis mentes enfermas, pero más que nada, como el resultado de una socialización patriarcal y demente (de hecho, dice El País, estos tipos ni siquiera reconocían que hubieran hecho nada malo), también pienso que tenemos que encontrar mecanismos para poner a estas personas en su sitio. De hechos como estos todos somos responsables: por admitir la desfiguración absurda de las relaciones personales, el amor, y el sexo en los diferentes medios de comunicación, por admitir las burlas estúpidas, las bromas machistas, las insinuaciones misóginas, por perpetuar el rol de la mujer. La violencia de género no es más que un síntoma de una sociedad enferma.
No os extrañe que este tan enfadada. La persona con la que mas enfadada estoy es conmigo misma. Y esto es un mea culpa... Por no haber tildado de capullos a los idiotas que en la universidad hablaban de 'ninfómanas' sueltas en fiestas estudiantiles en lugar de violación de chicas inconscientes por la bebida o las drogas. Por no saber siempre defender mi creencia que la igualdad de la mujer está lejos de ser alcanzada (en su lugar tenemos que aferrarnos a espejismos de igualdad en que las mujeres jugamos el papel de hombres). Por haberme prestado en tantas situaciones a jugar el rol de 'mujer' sin definir mis propios términos. Y finalmente, por no haber denunciado al hijo puta que intento abusar de mi en Wageningen, que, desgraciadamente no paró después de intentarlo conmigo. Y esta es una carga que llevo conmigo, por cada chica que tuvo que enfrentarse a ese viejo sarnoso, lo siento mucho, siento haber huido, siento no haberme enfrentado. ¡Nunca hice nada, nada! Al contrario que todos mis héroes, que rápido me olvidé de mis principios. Esta fue la primera vez que comprendí que el miedo es una fuerza paralizante.
Estoy llorando ahora, porque esto no tiene perdón, porque tenemos que luchar, no por el odio y la venganza, sino por la desaparición de todas nuestras ideas sobre la sociedad, el cuerpo y nuestras relaciones que dan lugar a eventos como este, en Benalmadena, donde una chica salió de la piscina llena de esperanza y acabo con el alma rota.
a las
14:24
0
comentarios
Enlaces a esta entrada
Etiquetas: Feminismo
Bueno un titulo postmoderno, para un tiempo postmoderno. Esto de ser ciudadano cosmopolita del mundo y de pasearse por conferencias es una cosa excitante pero al mismo tiempo le deja a uno un regustillo amargo, no se, como si nada hubiera pasado y el tiempo se hubiera perdido en un sucederse continuo de interacciones con desconocidos.
La verdad es que esto es raro, porque a mi me encanta conocer gente nueva, siempre que puedo, y lo bueno de estas conferencias es que todo el mundo tiene cosas interesantes que contar... pero en una maraton de tres dias he debido conocer a 40 nuevas personas, cuyos nombres situo en mi mente vagamente, y solo gracias a la mera associacion de sus nombres y un par de palabras clave sobre sus proyectos (por ejemplo: "patricia, Mexico, vulnerabilidad"). Y luego es eso de estar en un hotel, que por muy bonito que sea es extraordinariamente anonimo. No es sorpresa, por lo tanto que despues de tres dias me siente como si todo perteneciera a una especie de realidad paralela, y las unicas cosas que si que parecen reales son las noticias estridentes (la muerte de Michael Jackson; el golpe de estado en Honduras, y esas cosas).
Por cierto, que no lo he dicho, la conferencia era en Marsella. Y que ciudad! Hermosa, multi-cultural, luminosa... la sensacion de caminar entre siglos de historia no se le escapa nunca al visitante. La geografia accidentada, sorprende, la vistas desde el faro quitan el hipo, el paseo por los nuevos barrios son testigos de la crisis...
Creo que hay tanta luz en esa ciudad que todo se emborrona de blanco, y claro, uno no puede dejar de cuestionarse si de verdad ha visitado Marsella en tres dias, o simplemente a tenido un precioso y confuso suegno...
¡Me encanta estar de nuevo en la Universidad! No sé por qué, pero siento que me vienen un montón de ideas sobre todas las cosas, yo creo que es esto de compartir mi espacio con una masa pensante, todos pensando al mismo tiempo y transmitiendonos energía pensante telequinéticamente.
La otra razón por la que me encanta la universidad es porque esta llena de estudiantes por todas partes, y eso me crea una sensación de confusión porque me hace pensar que yo también soy una estudiante (en verdad lo soy, no paro de estudiar cosas) y por otro lado, lo de estar rodeado de estudiantes te pone en contacto con lo último de lo último (conciertos, teatros, etc). Qué esta guay vamos…
Una cosa que me encantaba en la universidad era el gotear continuo de ideas en los formatos más insospechados. Mi favorito: posters en lugares unusuales. Por ejemplo en Montes encontré un día un poster-panfleto que promovía la ‘Anarquía del Siglo XXI’. El poster venía a argumentar que la emergencia de Internet y las telecomunicaciones hacen posible la creacción de una sociedad anarquista. Me encantó el panfleto, y aunque nunca me lo dijo, estoy convencida que su autor era Miguel T, mi gran amigo que no he visto hace tiempo y ya no sé si se acordará de mí.
Bueno, pues hoy he tenido otra de estas, en una papelera había un cartel que decía: “En una cultura en que todas las cosas se diseñan para ser desechables, ¿qué nos dice esto de nuestras relaciones personales?” Chachi ¿eh? No muy profundo, no muy exacto, pero interesante al fin y al cabo, una idea que rumiar con la cena. Un poco de autocrítica por si acaso.
Oficialmente no tengo que entregar la tesis hasta marzo. Sin embargo ya me siento un poco liberada, con un manuscrito bastante completo, al que apenas tengo que añadirle correcciones, asegurar correas, y asegurarme de que no he puesto ninguna idiotez en alguna página olvidada.
Escribir ciencia no es escribir literatura, pero es igual de difícil. Parece que a veces no se nos antoja y allí que se las pasa una mirando al ordenador o buscando excusas para hacer cualquier otra cosa. Ha habido una cosa que me ha mantenido en guardia y me ha llevado en volandas a través de la tesis: novelas. Desde agosto he leído un montón de novelas desde clásicos (incluido mi magnífico re-descubrimiento de Dickens), best-sellers y ensayos sobre temas controvertidos (sobre todo este año que ha estado de moda lo de la Camorra, y McMafia de Misha Glenny). Mi teoría es sencilla: el mejor maestro de escritura es el escritor de ficción. Eso claro, hasta que me leí 2666 de Roberto Bolaño. El día que pasé la última página, de un libro que me he influenciado como pocos lo han hecho antes, pensé que no volvería a escribir nada nunca.
Por eso me acerco a mi blog de modo tímido. Ahora hace mucho (más de cuatro años) desde que empecé a escribir desde Nigeria, seducida por aquel mundo que era diferente de cualquier cosa que hubiera visto antes. Cuando estaba en Nigeria me parecía que todo debía escribirse. Cuatro años después ya no estoy tan segura… En parte, esto es debido a una crisis de confianza en mí misma, que ha crecido como una bola desde el verano pasado. No es que quiera usar este blog para desahogarme ni nada; sin embargo me parece que comparto la experiencia de otra gente haciendo el doctorado que después de haberle dedicado unos cuantos años de vida a un solo tema (tema en el que nadie más en el mundo parece estar interesado) uno empieza a pensar que tal vez no es tan relevante, o tan interesante, o quizá, que la investigación tiene poco que añadir a lo que ya se sabe.
“A veces pienso que soy una impostora, que no sé nada y que un día de estos me van a descubrir y voy a pasar una vergüenza tremeda”, le dije a mi amiga Dani un día. “Yo también pienso eso”, me contestó ella, “casi todos los días”. O sea que me digo: puede que seas una impostora sí, pero no más que todos los demás. En resumen, uno no puede menos que ruborizarse al contemplar los ajustados límites de su conocimiento, pero ya sabéis que esto me lo estoy copiando de Sócrates.
La otra cosa que me preocupa es escribir de manera aburrida. Por eso leo novelas, porque creo que para hacer ciencia uno tiene que ser a la vez artesano y contador de cuentos. Artesano para poner juntas las piezas del rompecabezas de la ciencia. Thomas Kuhn decía que la ciencia avanza por revoluciones paradigmáticas: los científicos que pertenecen a un mismo paradigma o movimiento científico se dedican a hacer puzzles. Las piezas están ahí, incluso el modelo a seguir. Y la ciencia progresa así, cuando uno poco a poco va juntando todas las piezas. Kuhn decía que a veces hay científicos que rompen las reglas y consiguen un cambio revolucionario de paradigma científico.
Mi tesis es también como un rompecabezas. Sin embargo, el problema es que no hay reglas ni modelos. Yo tengo que elegir las piezas, pensar como juntarlas, y decidir cual es la imagen final que van a presentar al espectador. Mi rol no es el de un creador de un puzzle. El creador de un puzzle mira una imagen o modelo, decide como descomponerlo en piezas e impone las reglas para resolverlo. Lo extraordinario es que yo, al escribir mi tesis, agarro las piezas de donde puedo y las voy poniendo juntas como puedo, con la esperanza que al final mostrarán algo extraordinario. Yo no soy como el creador del puzzle (el creador del puzzle sería Dios, o Gaia, o el Demiurgo, o quien quiera que sea si es que en verdad hay un ‘creador’). Al contrario. Yo soy como una pequeñaza de tres años en una habitación con una caja con miles de piezas de cientos de puzzles distintos. Y ahí estoy yo, en el centro, seleccionando las piezas que tienen los colores más bonitos y las voy encajando como puedo, a veces apretando los bordes si no encajan exactamente.
O sea, mi tesis.
En fin, a ver si me animo y os cuento de que va!
¡A ver si voy acabando la tesis y me pongo a escribir más! ¡Qué envidia me da Antonio!: Es tan organizado que antes de irse de vacaciones se prepara unos posts y los va poniendo en el blog a medida que las vacaciones van pasando.
Yo quería contaros que ayer volé desde Huesca a Gatwick, desde el fantástico aeropuerto internacional de Monflorite. Fue toda una experiencia, sobre todo porque el avión llegó sin combustible, pero cuando llego al aeropuerto no pudo repostar... así que nos montaron en el avión rumbo a Nantes, y tras una corta parada para llenar los depósitos, seguimos nuestro camino.
La verdad es que cuando me nos lo dijeron nos quedamos a cuadros (bueno, ya sabéis, país subdesarrollado, que falta de organización etc). Sin embargo, la cosa se quedo sólo en anécdota: de hecho el servicio fue excelente. En numerosas ocasiones he sufrido retrasos en el aeropuerto, pero nunca antes se me ha informado tan bien sobre las causas del retraso y las acciones tomadas al respecto. ¡El capitán en persona nos vino a explicar lo que pasaba!
Espero que esto contribuya a la buena prensa de Pyrenair. Yo desde luego llegué muy contenta a mi destino.
En el mensaje anterior Antonio me ha dejado un comentario para que exprese mis opiniones sobre la consabida crisis. Claro que desde que me dejó el comentario hasta ahora la situación ha cambiado tanto (más que nada la crisis se ha colocado en el centro de nuestras vidas), que no sé exactamente que es de lo que Antonio quería que yo hablara.
Pero opiniones sobre la crisis, las tengo. Es un tema que me fascina. Si no he hablado antes de ello ha sido sólo porque me pego escribiendo mi tesis algo como el 90% del tiempo (en el cuaderno, delante del ordenador o mentalmente), y me cuesta salirme de los problemas del manejo ambiental del carbón y sus cenizas en Bosnia (por cierto que se me ocurre que nadie me ha hecho todavía ningún chiste sobre el carbón que me van a traer los reyes este año, cuando acabe la tesis!).
Y la verdad es que hay millones de cosas de las que os quería hablar. La elección de Obama, y las eternas milongas de la política internacional. La vida en Londres, que no para. Bosnia, un poco estancada después de las elecciones de Octubre que ratificaron el nacionalismo recalcitrante y toda la idiotez que conlleva; y las opiniones del Alto representante oficial de la comunidad internacional en Bosnia (solo el nombre del cargo tiene tela marinera) al que fui a ver recientemente en una charla. Y luego las cosas de mi vida: el montón de libros que estoy leyendo (leer me inspira para escribir), mi amor por Bas y Daniel Craig, mis rollos con Forest Research – en particular, empezar a asumir que después de cuatro años quizá todo mis esfuerzo no garantice mi continuidad aquí- y todas estas cosillas que me importan. Pero uno no tiene peticiones todos los días (además, mi público es discreto) así que no tengo más remedio que embarcarme como pueda en tratar de exponer una opinión coherente sobre esta la madre de todas las crisis…
Esta crisis es como la hydra, aquel animal monstruoso al que le cortabas la cabeza y le salía otra. Bueno, ya sé que esto es un poco más que un cliché, pero es que la hydra me parece el único modo de referirse a esta crisis. Primero porque tiene varios cuellos: la burbuja inmobiliaria; la des-regularización de los sistemas bancarios; los sistemas de promoción en instituciones financieras; la ruptura con una economía basada en la industria, en liberalización agresiva y descontrolada de la economía, la proliferación del crimen organizado y de la industria armamentística, y sobre todo la imposición de una manera de pensar en la que el dinero y a competición priman sobre todo lo demás. Segundo porque de momento, cortar cabezas solo ha servido para agitarla más, y si no mirad el caso inglés: dinero a espuertas lanzados a los bancos y los bancos sin querer ponerse a funcionar (y entre tanto los indices de popularidad de Gordon Brown lanzados al espacio estelar, y los Tories que no quieren hablar de la crisis porque digan lo que digan beneficia a Brown se han puesto a entretenernos con historias de niños maltratados y demás).
Pero como en la hydra, todo está conectado y es casi imposible entender una parte de la ecuación (una cabeza) sin mirar a todos los otros factores. A veces pienso que es el dinero lo que lo conecta todo: el dinero que aparece como el objetivo máximo de todos los individuos que pululan por los mercados financieros. El dinero que es como una gran mentira, porque en sí mismo no es necesariamente valioso (al igual que un sello de correos), no es más valioso que el valor que se le atribuye. Y para complicar las cosas todavía más el dinero va y se nos hace virtual. Ya no hay montañas de papel en sacos de lona que cualquier ladrón del tres al cuarto se podría llevar gritando aquello de “Todo el mundo al suelo, esto es un atraco”. Hoy en día, el ladrón no encontrará en el banco más que dinero suficiente para cubrir las transacciones de los próximos dos días. Porque ahora, el dinero, viaja por las autopistas de la información. Mastercard lleva varios meses en Gran Bretaña anunciando: “el dinero ha muerto, viva el plástico”. Creo que Anthony Burgess nos podría haber incluido un slogan así en su naranja mecánica. Como anticipando la ‘distopía’ que vivimos hoy.
Me diréis: ‘vaya rollo, que más da todo esto y que tiene que ver con la crisis?’ Tenéis razón, a cierto nivel no tiene nada que ver (ladrones sin escrúpulos los hay con o sin ordenador). Sin embargo, coincidiréis conmigo en que el ladrón de hoy en día ha tenido que cambiar de técnica. Hoy las pistolas y la actitud de matón se quedan en casa (eso, si no vives en Nápoles); hoy si quieres robar, tendrá que ser al frente de un ordenador.
No estoy diciendo que toda esta gente empleada en vender productos financieros podridos y en pintar dinero donde no lo hay sean ladrones. La cosa es más complicada. De hecho, creo que poca gente anticipaba una crisis de esta magnitud… si que es verdad que el año pasado todos el mundo hablaba de la burbuja inmobiliaria y de la posible recesión, pero nada más que para decir que aquellos (pocos) que la predecían no eran más que adivinos pesimistas (que resultaron ser desdichadas Casandras). Así que ahora sabemos que los tipos que diseñaron las estrategias financieras que han llevado al mundo a la ruina no sólo trataron de robar al ciudadano de a pie: también se robaban unos a otros. Y no sé como, se olvidaron de la primera regla: que uno más uno nunca puede ser más de dos.
Pero la cosa del dinero virtual también es importante por otro motivo: la razón por la que hemos descubierto todo el embrollo no ha sido por la intensa labor de la inexistente policía financiera, o por la confesión de los culpables. No, la crisis ha sido declarada, no por el dinero sino por su falta. Eso que llaman “una crisis de liquidez”: en otras, palabras, que los bancos de repente descubrieron que no podían suplir al cajero. O que no podían pagar al cobrador del frac. O que no podían pagar al empleado de la limpieza etc etc (eso sí, subir sueldos y pagar primas y stock options, eso siempre se puede… j eje). En otras palabras: que los bancos se encontraron que aunque tuvieran mucho dinero en las cuentas, la bolsa de plástico con billetes, o la caja fuerte, o el calcetín… todos estaban vacíos.
Bueno, y aún se pone más divertido en países como Islandia, donde de la noche a la mañana sus sorprendidos ciudadanos descubrieron que los ingresos anuales del país (unos 14 billoncejos de euros de nada) no podían pagar más que un sexto de la deuda de sus bancos. Y de allí al desastre… ¿dónde está el dinero? Invertido en fondos de riesgo y otras fruslerías.