Olor a mierda de vaca

Siempre que estoy en un paisaje preciosisimamente diseñado, de colores fantasticamente verdes, todo relleno de olor a mierda de vaca no me queda duda de que estoy en Holanda.
Mire donde mire, mis ojos agradecen lo que veo. Lo agradecen tanto que es un poco extraño. Las casitas ordenadas, los campos bien segados, los arboles bien disciplinados en lineas... me gusta y a la vez, me espanta.
Por otro lado, en Holanda, no hay ninguna necesidad de ocultar todas esas cosillas que nos incomodan. El pedillo ligero, el pelo canoso, el olor a mierda de vaca, son parte de ese paisaje ordenado en que cada cual hace lo que le es propio a su edad.
En estas no se si lo echo de menos o no, si me encanta o me da miedo, si es la llave a la felicidad eterna o si es una carcel sin barreras.
Es como el otro dia en el aeropuerto. Un polaco con su mujer y su hija se empeñaban en saltarse la cola y las azafatas no sabian que hacer con ellos. Bas en seguida protesto de la falta de respeto de gente asi, que no sabian guardar cola ordenadamente, como esta estipulado por las miles de normas que regulan nuestra sociedad. Y a mi, como que me apretaba algo por dentro. Como esa cosa que me dijo mi madre hace unas semanas: "no hay porque guardar la cola siempre". Y es cierto, las colas no son una cosa inevitable, mas alla del orden inexplicable queda la vida. Y asi le dije a Bas, que total, que mas daba que les dejaran pasar.
Entre tanto nosotros, como buenos holandeses, guardamos la cola...

Isabel de Samper

Siguiendo con mi tradición de recordar a la gente que se nos va (eso cuando las palabras me lo permiten), me gustaría escribir un pequeño recordatorio para Isabel de Samper, también porque se que Jara me lo agradecerá, y ya sabéis que a las chicas con barriga hay que hacerles regalitos.
Isabel de Samper era una de mis personas favoritas en Bailo, y para ser una de las personas favoritas de una niña de ocho años en Bailo es muy fácil, solo hace falta hacer dos cosas: 1)sonreír siempre siempre siempre; 2) guardar barquillos en una caja de metal en una vieja alacena y darle un barquillo a la niña cuando la vieras.
Cuando éramos pequeñas Jara y yo siempre íbamos de ronda por todas las casas de Bailo. Teníamos varias excusas pero las dos mejores eran: ‘La iguala’ que era un pago que todas las casas tenían que hacer ¿al médico? No me acuerdo bien porque, pero me acuerdo que teníamos que ir con unas cartulinas amarillas y dar un recorte en cada casa. Seguro que Jara se acuerda de esto mejor. La otra excusa excelente era la hoja parroquial, ya sabéis, esa hoja con las últimas noticias de la casa del Señor, que Jara y yo voluntariosas, repartíamos por todo el pueblo. Luego también íbamos de casa en casa para San Nicolás y a veces para Carnaval, y por supuesto para la ronda de las fiestas, pero en esas ocasiones íbamos en grupo y no era lo mismo.
Porque cuando Jara y yo íbamos solas había dos cosas muy excitantes: 1)entrar a las casas de otra gente, y asomarse, por esa ventanita, a sus vidas, cosa que para dos monstruos curiosos como nosotras era más que necesario; 2)conseguir pequeños regalitos, en la forma de caramelos o galletas. Claro que no todas las casas eran iguales. En las más, no te daban nada. En otras, había que aguantar un rollo tan largo, tan largo, que Jara y yo teníamos que idear planes para irnos lo más aprisa posible. Pero en la puerta que nunca nos dábamos prisa era en la de Isabel de Samper.
Isabel era una mujer pequeñita pequeñita… desde que me acuerdo yo era más alta que ella. Su cara estaba surcada por millones de arrugas, y tenía el pelo muy blanco y muy fino. Así que tan pequeñita y tan arrugada estaba que parecía tener millones de años y saber muchas cosas. Yo no sé si sabía muchas cosas, porque no me acuerdo de que hablábamos con ella. Me acuerdo que yo siempre pensaba que Isabel estaba casada con Pablo, pero luego me enteré que en realidad eran hermanos. Hermanos que se querían mucho porque habían vivido juntos muchos muchos años y los dos tenían tantas arrugas que parecía que su cara iba a desaparecer detrás de ellas.
Isabel también tenía los ojos claros, pero muy pequeñitos, como un pequeño ratoncito de ojos azules. En realidad no eran tan pequeños, sino que los escondía detrás de lo que comúnmente se llama ‘gafas de culo de vaso’ (perdonen la grosería en este post, pero es que es lo más descriptivo que se me ocurre). El caso es que Isabel escondía sus ojos detrás de estas gafas y por eso se veían tan pequeñitos.
Cuando íbamos a casa de Isabel su patio olía a piedra húmeda y a veces también olía a estofado de ternera. En realidad, ahora que lo pienso, su casa olía como si hiciéramos cordero al horno debajo de las rocas de San Juan de la Peña. Su casa olía como huelen muchas casas de Bailo, donde la vida no ha parado y en sus piedras se recoge todo lo nuevo y todo lo viejo, y todo se mezcla hasta que nos parece que todo sigue igual. Así era el olor de casa Samper – del palacio Samper como le dicen – con su doble ventana y su patio empedrado.
Isabel siempre nos invitaba a subir a la cocina. Allí nos firmaba la iguala, o nos pagaba, o lo que tuviéramos que hacer, y nos sonreía todo el rato, enseñándonos sus arrugas y sus ojos pequeñitos. Y luego decía ‘esperad un momentito’, y yo la veía desaparecerse por el pasillo oscuro, y abrir una vieja alacena, y yo ya sonreía porque sabía que allí se guardaban los barquillos. A veces espiaba desde la puerta de la cocina, y la veía estirarse, alargando la mano para coger la caja metálica. Y luego venía hasta la cocina con la caja metálica de barquillos ‘Cuétara’, barquillos como los que te ponen en los helados. Y no nos daba uno sino que nos dejaba cogernos más si queríamos. Y si queríamos más, metía las manos temblorosas en la caja y de allí salían siempre más barquillos. Cuando te daba el barquillo le podías tocar la mano, que era quizá la parte más grande de su cuerpo, con esos dedos largos y huesudos. Isabel tenía la piel muy fina, como se le ponen a la gente con los años, como si sus manos estuvieran recubiertas de celofán. Y de ahí nos íbamos tan contentas, probablemente a casa cabalero o que se yo.
Ya nunca más vi a Isabel de Samper desde que se la llevaron con su hermano Pablo, pero me pregunto si cuando murió, hace un par de semanas, si cuando murió aún tenía más arrugas y sus ojos aun eran más pequeños y sus manos aún más finas y su sonrisa aún más acogedora.

Las Fiestas de Bailo

Lo mejor de las fiesta de Bailo
Mis más asiduos lectores recordaran que hace un tiempo publiqué un post en el blog sobre mi primer novio, Javier. Si no os acordáis lo podéis re-leer aquí. ¿Por qué lo menciono? Porque este fin de semana he estado en las fiestas de mi Bailo, y es en estas fechas cuando más recuerdo como se fraguó esta relación, una relación que, por cierto, ha marcado mi vida profundamente, como todos vosotros sabéis.
En el post os explicaba como fue mi último encuentro con Javier, desgraciadamente no muy agradable. La verdad es que estaba deseando verlo otra vez, quizá durante estas fiestas. Nada más llegar me encontré a uno de sus grandes amigos, David de Butía, que me contó que es ahora profesor de filosofía en un instituto (y me presentó a su novia, de la que no se despegaba). Luego vi a Javier un poco de lejos, estaba con sus amigos de Berdún y Binies (que no tengo ni idea de quien son). Iban todos vestidos de azul por una despedida de soltero. Bueno, todos menos el novio, que iba vestido de gallina.
Yo me pensaba hacer la loca y mirar por otro lado con cara triste (bueno, Vanesa, no seas dramática, si te estabas riendo de las bromas de Javier Grau) pero de repente sentí que alguien me tocaba del brazo, y al volverme, para mi sorpresa, era ¡Javier!
‘Anda, pensaba que no me ibas a saludar’- le dije.
‘Hombre, me fastidia que tengas ese recuerdo de mi’- me dijo.
‘No hombre, si yo ya no me acuerdo de nada, y me alegro de que me saludes, lo que más pena me daba era no hablarte’
Y así estuvimos hablando un buen rato, aunque después de un rato me sentí un poco incómoda porque tanto esperar hablar con él me había quedado sin cosas que contarle, y me parecía un poco inapropiado hablar de mis viajes, y mis proyectos y eso. Con todo lo que me alegré de hablar con él, parecía que había una barrera insuperable entre nosotros. Me parece que Natalia también se dio cuenta de eso, porque enseguida me vino a buscar, y yo casi suspiré de alivio. Por un lado, me daba pena que los años hubieran pasado tan rápido. Por otro lado, me daba cuenta de que habían pasado y no podía hacer nada por volver atrás.
Cuatro horas y muchas cervezas después me encontré con Raúl, el que fuera el mejor amigo de Javier, que se vio encantado de verme. Todas las cosas que habían pasado cayeron sobre nosotros y ahí intentamos resolverlas, en la puerta del Salón, como siempre habíamos hecho. De repente me dice:
‘Leí lo de Javier’
Cuando escribo el blog normalmente me imagino una audiencia bastante limitada. Una no se imagina que lo que escribo aquí pueda tener otra repercusión. Raúl, sin embargo, había googleado ‘Larués’ y se había encontrado con mi historia sobre Javier. Imagino que esa historia, en la que el fue el personaje más importante después de sus protagonistas, le transportaría a su infancia a una velocidad vertiginosa. A mi, así de repente, me dio un poco de corte, pero luego me gustó la idea, y comprendí que era por eso que Javier me había venido a saludar. Pero mira, algo bueno, que seamos amigos otra vez, aunque ya no nos comprendamos como antes.
No es que las fiestas de Bailo tengan solo nostalgia… de hecho me lo pasé en grande. La suerte de tener a Natalia, Elena y Javier Grau por ahí haciendo el ganso y riéndonos las chorradas. Y así cuando bailamos Amaral o gritamos en el tiro parece que vayamos menguando.
Luego, las fiestas dan lugar a todo tipo de anécdotas divertidas, a ocasiones de hacer el ridículo etc etc. Este año, el mayor ridículo lo hice delante de Abelardo, Monse de Zapatero y los de Lobera. Les fui a saludar y a dar un abrazo, por el cariño que les tengo, y también a decirle a Monse que su hija está guapísima, a lo que de repente me asaltaron con la pregunta: ‘Oye, ¿y tu tesis, de que va?’. Huelga decir que me sentí halagada y feliz de que me preguntaran. Y de repente, sin poderlo controlar, sentí que un terremoto de palabras me venía a la boca, a borbotones, apretándome los labios, y antes de que quisiera saberlo allí estaba yo explicando un montón de cosas que a ellos, ni les iba ni les venía. Lo que me encontré fue un silencio total, no se si porque estaban admirados o aburridos. Lo que era claro es que ese silencio marcaba el fin de la conversación.
Bueno, pues aquí queda el homenaje, para Abelardo, Maite (que estaba enferma ese día), Monse, Pilar y todos los demás que se sentaban a comer pipas y a hablar de libros en el bar: a todos ellos que me recomendaron libros, que me enseñaron a expresar mis opiniones, y que me animaron a seguir leyendo y leyendo. Aún recuerdo el día en que la defensa apasionada de ‘El Perfume’ de Maite y Abelardo nos movió a mi madre y a mi a leerlo, sin que nos decepcionara ni un instante.
Pues más o menos, para esto han dado las fiestas este año. Bueno, para esto y para la foto de aquí abajo. ¡¡Besitos!!

Fotos from around Bosnia

Jesus en un arbol

La semana pasado fui a Bijeljna que es una ciudad en la frontera entre Bosnia y Serbia; esta fue mi primera visita a una ciudad en republica Srpska, la parte serbia de BiH. Perhaps no fuimos en el mejor momento ya que el dia anterior habia habido manifestaciones a favor del loco ese que acaban de capturar, craso momento para mi primera visita por esos parajes. Bijeljna esta llena de viejas glorias y tiene un monumento al ejercito serbio en medio de la plaza, un monumento, de hecho, precioso, pero de dudoso contenido ideologico.
En fin, aparte de esto en Bijeljna tuve el gusto de conocer a un amigo de Milos que estudia en Sarajevo, y nos llevo a verios sitios interesantes: el mas interesante de todos era un arbol con un jesucristo en el, el Jesus en cuestion se aparece con la humedad. Hay que tener un poco de imaginacion para detectarlo, pero a mi imaginacion no me falta. Y a la gente de Bijeljna menos si juzgamos por los accesorios (un cementerio en miniatura)
Bueno, pero aun tengo mas cosas que contar porque solo en el dia de ayer Pink Floyd me hipnotizo en el mar adriatico, me escape de un campo de minas, disfrute de las mas bellas cascadas entre docenas de lagos, me echaron de una mezquita, llore delante de la bandera de la antigua Yugoslavia, me comi el entrecot de mi vida y la policia me paro no una ni dos sino cinco veces!!!
Ya os contare cuando pueda!
Vanesa