Un pedazo de mi diario (de ausencias)

"Tumbas, tumbas, tumbas, siempre blancas, siempre allí, esperando el futuro que no vendrá, extendidas por todas partes, en los parques, entre las casas, en los jardines, siempre hay una tumba, siempre hay alguien que murió por nada, por ser un poco más locos, por soñar tonterías, accesorios."- Vane en directo, Sarajevo, 15 de Abril

Yo creo que alguien le tendría que regalar un viaje a Bosnia a Ibarretxe, que se lo iba a pasar "bomba".

Historias de la polución

O sea que allí estábamos, un puñado de científicos subidos a esos grandes basureros, haciendo agujeros para coger muestras de suelo, mientras los lugareños nos miraban perplejos desde sus pequeñas parcelitas de maíz y pipirigallo. Lo primero de todo había que picar. Ah, pero no creaís que los científicos están hechos para picar, no, una cosa es ensuciarse las manos para coger las muestras y poner etiquetas, y otra cosa muy distinta es picar. Para eso, ya están los lugareños.
Por esto que los científicos no son siempre tan racionales como se cree. Empezamos la mañana con buen pie: una discusión entre dos de los peces gordos del proyecto. Esto pasa hasta en las mejores familias…Lo que es la ciencia, tío, un guirigay. Y los lugareños seguían perplejos en el maizal.
Como resultado la cosa se dividió entre los dos peces gordos; uno se fue con el 90% del equipo a seguir haciendo agujeros y yo me quedé con el otro, el más gritón, para hacer la exploración.
En realidad me quedé con él porque iba dirigiendo al grupo de lugareños-excavadores que me pareció mucho más interesante que quedarme evaluando perfiles edafológicos (gracias a Dios, o a Benedicto, ya olvidé todo aquello en los obnubilados años en la escuela de Montes), aún con el riesgo de tener que cavar.
Y acerté porque tuve grandes oportunidades de hacer buenas fotos, hablar con un pastor, ir hasta el nuevo depósito de la central y decirles una por una todas las palabras de lenguage balkánico que conozco a los de las azadas, mientras nos tomabamos una maravillosa cerveza local (La cerveza Bosnia es la gloria).
Y eso con el pez gordo, un hombre con bastante mala leche a lo Don Juan en la Escuela Hogar de Jaca, aunque se podía ver a kilómetros que el hombre no era mala persona, na más estaba un poco descolocado. Ya sabéis que Vane le habla hasta las piedras y cuando me di cuenta el hombre ya me había contado toda su vida, desde sus azarosos combates en Mostar durante la guerra ("Estoy vivo, si quieres que te lo diga, no lo sé por qué") hasta la historia de su abuelo que luchó en las brigadas rojas en la Guerra Civil (lo que son las cosas, en nuestra guerra cuanta gente de fuera luchó y sin embargo, ¿alguien se volvió a mirarse la guerra de Bosnia en los cuatro o cinco años que duró?). La verdad es que el hombre tenía una batería de historias que contar…
Craso error, Vane, cuando alguien habla con tantas ganas… llega a posiciones equivocadas; o tal vez vivir una guerra te hace amar más la vida y querer vivir más deprisa. El resto del día me lo pasé huyendo del pobre hombre. Y es que nos quedábamos a solas todo el rato y yo intuía el peligro. Finalmente me dijo:
-"¿Te gusta el vino?"
-"No me va a gustar. Española soy, para más señas"- contesté bromeando.
-"Entonces, ¿por qué no vienes esta noche conmigo a tomar una copa de vino?"- vale, ahora parad de leer un segundo y imaginad mi cara.
Ahora reiros un poco. ¿Qué hubierais hecho?
Le dije que no claro, pero no le debió sentar mal porque el resto del día todo fue: "Qué guapa eres, qué dulce eres…" Me moría por volver al hotel. En fin, capeé el temporal y listo y al día siguiente me pegué a mi supervisor como una lapa- digamos que sirvió de colchón protector. Ahora, eso sí, delante de parte del equipo, mi supervisor incluido, y- sospecho- bajo la influencia del aguardiente local, me dijo gritando que estaba más guapa que el día anterior (no llevaba ropa de campo, claro).
Ver para creer. Pero os tengo que decir una cosa: el tío era elegante un rato: no fue ni grosero, ni abusón, ni nada: claro, directo y conciso. La verdad que las cosas hechas así no molestan, uno puede decir directamente "NO" y aquí no ha pasado nada; nada más que para echarme unas risas mientras escribo en el blog.
Por cierto, picar… piqué. Me daba vergüenza estar ahí mientras los pobres hombres se rompían los costados, y como ya me había tocado alguna vez picarme Callizo, bueno, pues me piqué medio agujero, que tampoco era para tanto.

Lo que queda de Bosnia

Llegar de Sarajevo desde Milan es una maravilla. En Milán, el aire limpio me asomaba a las montañas nevadas, a las magníficas vilas, a la campiña multicolor… en Sarajevo el mismo aire me mostraba las granjas dispersas por las colinas, los grandes y vanguardistas edificios post comunistas y a la combinación de múltiples espacios (lo urbano y lo rural; la cultura musulmana y cristiana; la pasión capitalista y el idealismo comunista…) en un solo momento y lugar.
Desde el mismo momento en que pude ver Bosnia a través de la ventanilla del avión ya estaba enamorada de ese país.
Claro, que en el amor (como en todo lo demás) nunca te dicen lo que viene luego. Y es que aterrizar en Sarajevo es como agarrarse el corazón con la mano y apretarlo fuerte: debajo de los tejados nuevos que se ven desde el aire hay casas de paredes agujereadas, estructuras ahora inhabitadas, grandes monumentos arruinados… y, en todas partes, cementerios. Cementerios extensísimos, con sus tumbas alineadas en el suelo, cubriendo los parques de la ciudad con sus crucecitas vestidas de blanco imaculado. Otras veces, las más, en vez de cruces, pero también blancas, las tumbas se indican con un pilote acabado en un birrete. Esas son las tumbas de los musulmanes. Supongo que después de esta guerra tiene sentido querer ser diferentes… hasta en la muerte.
Más de dos años pasó la ciudad de Sarajevo asolada por el ejército Serbio de la República Srpska. Su general, Mladic (un asesino ahora en paradero desconocido cuya hija se pegó un tiro hacia el final de la guerra, tal vez porque no pudo soportar ser la hija de un criminal) tenía una casa en Sarajevo. Supongo que conocía la ciudad perfectamente: conocía su centro de inspiracion turca (a los musulmanes en Bosnia se les llama turcos despectivamente, como a los de Larués), su delicioso café, sus cevapci (unas salchichas hechas con cordero, también "turcas"), sus pasteles, sus empedrados, sus impresionantes mezquitas, su enorme y compacta iglesia católica, sus puentes con su historia (incluido el puente donde mataron Franz Ferdinand), sus monumentos construidos tras los juegos olimpicos del 84, sus bloques de cemento comunistas confrontados a la resistente arquitectura tradicional, sus tejados de madera oscurecida, sus clubes de jazz… supongo que el conocía todo esto (lo que yo vi en un día) y muchas otras cosas más… E imagino que Mladic, antes de la guerra, se habría tomado muchos cafés en el centro de Sarajevo, habría conversado con mucha gente accidentalmente, a veces sin ni siquiera preguntarse: "Vamos a ver, musulmán, croata o serbio?" Ser Bosnio era como ser todo eso y nada al mismo tiempo. De hecho he leído que en Bosnia nadie creía que iba a estallas la guerra, porque en Bosnia todos (Serbios, Croatas, Musulmanes) vivían juntos como si nada. Porque nada pasaba al fin y al cabo… Sentada en un café en Sarajevo, estuve a punto de echarme un cigarro, un Drina, como el río que cruzaba Gorazde, este tabaco es como un símbolo de la resistencia Bosnia. Allí en Bosnia todo el mundo fuma mucho y compulsivamente, como si les faltara tiempo para fumar (como si les faltara tiempo para vivir?).
No sé lo que hacía Mladic antes de la guerra, o durante ella, o donde debe estar ahora, pero sé que bajo su mando los Serbios, rodearon la ciudad y se apostaron en sus colinas. Desde allí, casi cada día, llenaban los cañones de mortero y disparaban ("shelling") sobre la ciudad. El resultado: un estado de terror continuo, una ciudad paralizada y muertos, muchos muertos. La ciudad se comunicaba con el exterior a través de un túnel por debajo del aeropuerto, varios kilómetros de oscuridad para salir del objetivo de los tanques.
Esto fue lo que vi en Sarajevo. Ahora no pongo fotos para que os de tiempo a imaginarlo…

Una pelicula increible: Tropical malady

El domingo fui al cine a ver uno de las más maravillosas películas que he visto en mi vida: con una prodigiosa sensibilidad es un viaje al corazón de la selva tailandesa, pero también nos ofrece una visión de las relaciones humanas en esa parte del mundo.
Aunque todo eso es maravilloso, al igual que la fotografía y la extraordinaria música, lo que más me gustó fue su análisis de la existencia humana, completamente vinculada a la naturaleza en la que vive y a su historia, aunque no nos percatemos de ello. Amor en estado puro…
Le dieron un premio en el festival de Cannes, así que es probable que la pasen en los cines Renoir más cercanos; si no siento que os perdáis esta maravilla.


Fotograma de la pelicula... uno de los momentos mas emotivos, antes de que la historia se vuelva sobre si misma, claro...

Os imaginaréis que después de este derroche de sensibilidad casi me muero al día siguiente cuando en clase de danza energética, con el olor a tigre de todos estos maromacos saltando de un lado a otro de la pista de baile, a alguien se le escapó un terrífico pedo que, con el cansancio y el sudor, casi me hace desmayarme. Ya sé que yo tampoco soy muy fina, pero es que vamos… hay momentos y momentos (alguien sabe de algún momento apropiado para tirarse un pedillo?)

Aquí también hay misterios y leyendas…

¿Que os creíais, que sólo traigo buenas historias de Nigeria? Oído al parche amiguetes, que la Gran Bretaña nos ofrece un sinfín de historias singulares… porque, ¿en que país del mundo se encuentra alguien un martes cualquiera a las ocho de la noche a tres chavalinas de catorce años tan borrachas que no se pueden levantar del suelo? Eso amigos, solo puede ocurrir en un sitio (si si, ya sé que lo habéis adivinado).
Y esto amigos, da muchas páginas a los anales de psicología constructiva, pues no hay más que ver a estos perdidos para imaginar cientos de casos clinicos de histeria colectiva. Y si no, mirad a mi casera.
33 años, curranta (lo menos que se puede) y un poco abandonada a la vida inactiva… claro, eso tiene consecuencias. Entre ellas, un novio diez años mayor que ella, alcohólico, por lo que parece. A ambos se les ve poca piel por aquello de los tatuajes (menos mal que en mis periodos más estúpidos nunca ahorré lo bastante para tatuarme los delfines con los que soñaba). Pero bueno, así es la vida, de casa al trabajo y del trabajo al sillón. Pero ah del sábado por la noche, cuando las luces tintilean y los gatos se visten de azul (el gato que está… etc etc): ella trabaja y él no… así que él decide emborracharse con sus compañeros de piso (un ruso que pretende ser más inglés que los ingleses y no piensa poner un pie en su vida en Moscú y una loca que ha dado tantas vueltas por el mundo que ya no se encuentra así misma (o sea yo)). Afortunadamente me escapé a tiempo: alrededor de la cuarta pinta se despertó mi conciencia (debía estar echándose la siesta) y me mandó a casa, a ver (como no) Bridget Jones (¡Sí otra vez, otra tarde de miseria!).
Algo horrible debió pasar entre medias, porque cuando me disponía a ir a la cama oí un grito estridente y horroroso, haciendo temblar toda la casa, algo como “!Dónde has estado, te odio, has echado mi vida a perder!” y así tal cual la dueña de la casa puso todos los bartulos del tipo en la puerta de la casa (y lloviendo a mares, oye) y por lo visto se fueron ambos de borrachera para celebrar que su relación se había ido a la porra (pero se fueron por separado, imagino). Consecuencias: puñetazo en la cara de la colega que confirma mi sospecha de malos tratos, después de pasarse un mes negandolo desde que me confesó que le había roto un vaso en la cara aquel fatídico 5 de marzo… Uf uf uf.
Así que ella cogió el resto de sus cosas (las de él ) y se las puso en la callecita. Entre ellas el televisor, la freidora y otras fruslerías. Esto fue hace cuatro días. Ella dice que él duerme en el pub, que les ha pagado, y que no ha ido a currar ultimamente… ejem ejem; yo le he visto durmiedo con un albornoz en el asiento de atrás del coche… ¡en la puerta de casa! Para mí que hay algo que no anda y la historia sólo acaba de comenzar. Esto, desde luego, es carne de cañón para mis novelas pseudoexistencialistas de crítica a la parte de nuestra sociedad que esta podrida (y que no es una manzana sólo, no, y yo creo que no ando muy lejos de la parte mala del cesto). Por cierto, alguien se ha leído mi último hit, “La sirena suicida” creo que a he alcanzado el rankin más alucinante, la máxima aspiración de un escritor: 0 lectores. En fin, que se le va hacer… va a pasar que era demasiado existencialista de verdad…
Por cierto que he suspendido un examen de la Uned (si os acordais, el programa que empezé en septiembre y continuo en mis ratos libres porque para eso me he gastado mis pelillas) Por lo visto no he sido capaz de comprender que el mercado libre y las multinacionales son buenos para la economía de los países en desarrollo. Me parece que la economía de esos países es muy rara… ¿no creéis? Deberíamos preguntarle a Naomí Klein, pero claro, corremos el riesgo de caer en el fanatismo.
Bueno hermosos hasta mañana a las ocho y con un bizcocho, hep hep